Subir o bajar del transporte público en lugares no permitidos se ha convertido en una escena habitual en vialidades del Valle de México. Aunque se trata de una infracción grave, la práctica persiste y deja un saldo constante de accidentes, personas lesionadas y, en los casos más extremos, pérdidas humanas.
Avenidas primarias, carreteras federales y autopistas de alta velocidad figuran entre los puntos donde estas paradas improvisadas se repiten a diario. Vías como la México-Lechería, México-Pachuca, México-Querétaro y México-Puebla concentran reportes por frenados bruscos, choques por alcance y atropellamientos, derivados de unidades que se detienen fuera de los paraderos autorizados.
Paramédicos que atienden emergencias en la zona advierten que los incidentes relacionados con descensos irregulares son más comunes de lo que parece. Caídas al bajar con prisa o incluso con el vehículo aún en movimiento provocan desde raspaduras hasta fracturas de pierna, tibia o peroné.
Sin embargo, el panorama se agrava cuando los pasajeros son obligados a descender en doble fila o en carriles de alta velocidad. En esos casos, los servicios de emergencia han documentado atropellamientos con consecuencias severas y fallecimientos. A ello se suman los accidentes entre vehículos cuando un camión frena de manera repentina para subir o bajar pasaje.
Desde finales de 2025, el Reglamento de Tránsito del Estado de México endureció las sanciones contra esta conducta. Los operadores que realicen ascensos o descensos en sitios prohibidos pueden enfrentar multas que oscilan entre los 5 mil 600 y más de 11 mil pesos, además del envío de la unidad al depósito vehicular.
La normativa también establece que únicamente personal de tránsito femenino, debidamente identificado, puede aplicar infracciones en vías primarias y secundarias. No obstante, la aplicación irregular de la ley ha limitado el impacto real de estas medidas.
Conductores del transporte público reconocen que la presión social influye en estas decisiones. Muchos usuarios se resisten a caminar hasta los paraderos formales y exigen bajar “donde les quede”, aun en zonas peligrosas. Negarse suele derivar en discusiones, insultos o incluso conflictos mayores.
A ello se suma la competencia entre unidades por captar pasaje, lo que incentiva paradas indebidas para no perder usuarios frente a otros operadores. Algunos choferes también señalan tolerancia y prácticas irregulares por parte de agentes de tránsito, lo que refuerza la sensación de impunidad.
Durante 2025, el Estado de México registró alrededor de mil 500 casos de lesiones culposas, muchas de ellas asociadas a accidentes de tránsito como choques y atropellamientos. Especialistas en movilidad coinciden en que estas cifras podrían ser mayores, debido a incidentes que no se denuncian formalmente.
Autoridades y expertos coinciden en que la combinación de prisa cotidiana, falta de cultura vial y aplicación inconsistente de la ley mantiene viva esta práctica peligrosa. Mientras no exista una corresponsabilidad real entre usuarios, operadores y autoridades, las paradas prohibidas seguirán siendo un riesgo diario para miles de personas que dependen del transporte público en el Valle de México.







