J.P. Morgan advierte que una combinación de conflictos, fertilizantes caros y clima extremo podría elevar la inflación mundial de alimentos hasta 5% en 2027.
Conflictos, fertilizantes, agua y clima extremo forman un escenario de riesgo para la producción agrícola
Ciudad de México.– ¿Podría 2027 convertirse en un año de alimentos más caros y granos bajo presión? Una advertencia de J.P. Morgan volvió a colocar la seguridad alimentaria mundial en el centro de la discusión.
La institución financiera no pronostica de manera tajante que el planeta se vaya a quedar sin granos, pero sí advierte que existe una combinación de factores capaz de presionar la producción y elevar los precios de los alimentos.
En uno de sus análisis sobre seguridad alimentaria, J.P. Morgan identifica una serie de riesgos que pueden acumularse: conflictos geopolíticos, alteraciones climáticas, problemas relacionados con el agua, disponibilidad de fertilizantes y vulnerabilidades en las cadenas de suministro. La institución también ha advertido que los niveles de inventarios agrícolas frente al consumo podrían mantenerse cerca de mínimos de varios años, aumentando la sensibilidad de los precios ante cualquier interrupción de la oferta.
El escenario resulta especialmente delicado porque la agricultura depende de una cadena en la que cualquier problema puede multiplicar sus efectos: si producir cuesta más, algunos agricultores pueden reducir el uso de fertilizantes, cambiar de cultivo o disminuir las superficies sembradas. Si además llega un evento climático adverso, la oferta puede resentirse todavía más.
J.P. Morgan estima inflación mundial de alimentos de hasta 5% en 2027
Una de las cifras que más ha llamado la atención es la previsión de que la inflación mundial de alimentos podría acercarse a 5% anualizado durante la primera mitad de 2027.
La estimación está relacionada principalmente con el impacto que podrían tener los problemas de suministro de fertilizantes y un eventual fenómeno de El Niño sobre los costos agrícolas y las cosechas.
J.P. Morgan ya había calculado que las alteraciones en el suministro de fertilizantes podrían provocar temporalmente una inflación alimentaria mundial de entre 4% y 5%, debido al aumento de los costos de producción y a posibles reducciones en los rendimientos agrícolas.
Esto no significa que todos los alimentos vayan a subir exactamente 5%, ni que exista una escasez generalizada. Se trata de una estimación de inflación global y de un escenario de riesgo.
El fertilizante puede convertirse en el primer eslabón del problema
La producción agrícola moderna depende en buena medida de fertilizantes nitrogenados y otros insumos.
J.P. Morgan señala que el nitrógeno es particularmente importante para cultivos básicos como maíz, trigo y arroz, por lo que una interrupción en su disponibilidad puede tener consecuencias que aparecen meses después de que comienza el problema.
El conflicto en Medio Oriente ha generado precisamente preocupación por las rutas de suministro de fertilizantes. La institución financiera señaló que el Medio Oriente representa una proporción significativa de las exportaciones mundiales de urea y amoniaco, mientras que las interrupciones en rutas marítimas pueden elevar los costos y complicar las entregas durante las temporadas de siembra.
La ecuación es sencilla, pero sus consecuencias pueden ser enormes:
fertilizante más caro → mayor costo de producción → menor utilización o menor superficie sembrada → posible reducción de cosechas → mayor presión sobre los precios.
¿China está acaparando los granos del mundo?
Otro elemento que ha generado preocupación es el aumento de las compras de granos de China.
Los datos disponibles muestran incrementos importantes en algunas categorías. Durante el primer semestre de 2026, las importaciones chinas de cebada aumentaron 58.4% interanual y las de sorgo 77.4%, mientras que las compras de trigo crecieron 57.5%.
Sin embargo, decir que China está “acaparando el grano del mundo” sería una conclusión demasiado amplia.
El propio Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) proyectaba para China importaciones de alrededor de 10.5 millones de toneladas de cebada y 7.5 millones de toneladas de sorgo para 2026/27, aunque el país seguiría siendo el principal importador mundial de ambos productos. En contraste, el organismo estimaba que las importaciones de maíz de China se reducirían a 6 millones de toneladas.
Además, información reciente de Reuters señala que el clima extremo registrado en varias regiones agrícolas chinas —con olas de calor e inundaciones— podría aumentar la necesidad de importar algunos granos para compensar pérdidas de producción o problemas de calidad.
Entonces, la pregunta permanece abierta: ¿China está acumulando reservas por precaución ante un escenario internacional complicado o simplemente está respondiendo a sus propias necesidades de consumo y producción?
El clima puede ser el factor que cambie todo
A los problemas geopolíticos se suma el comportamiento del clima.
J.P. Morgan advierte que un fenómeno de El Niño podría modificar los patrones de lluvia y temperatura y aumentar los episodios meteorológicos extremos. El impacto dependerá de la intensidad del fenómeno y de la capacidad de los agricultores para adaptarse, por ejemplo, mediante variedades resistentes a la sequía.
Para la agricultura, el problema no es únicamente que haga más calor.
Una sequía prolongada, lluvias excesivas durante la cosecha o temperaturas extremas durante etapas críticas del desarrollo de una planta pueden reducir los rendimientos.
Y si varios grandes productores agrícolas enfrentan problemas al mismo tiempo, el mercado internacional puede reaccionar con rapidez.
Agua, almacenamiento y desperdicio: los problemas que suelen quedar fuera de la discusión
La seguridad alimentaria tampoco depende únicamente de cuánto se produce.
El acceso al agua, la infraestructura de almacenamiento, el transporte y la cantidad de alimentos que termina desperdiciándose también determinan cuánto producto llega finalmente a los consumidores.
En un escenario de mayor presión climática, contar con infraestructura para almacenar granos y transportar alimentos puede ser tan importante como aumentar la producción.
Por eso, una eventual crisis alimentaria no necesariamente tendría que comenzar porque “no haya comida”. Podría surgir porque producirla, almacenarla o trasladarla se vuelva demasiado caro o complicado.
¿Estamos ante una escasez real o ante especulación?
Aquí aparece la parte más importante de la discusión.
Los mercados agrícolas reaccionan antes de que una cosecha esté completamente perdida. Si los inversionistas anticipan una menor producción, pueden aumentar las operaciones sobre futuros de granos y provocar movimientos en los precios incluso antes de que exista una escasez física.
Por eso, un aumento en los precios internacionales no significa automáticamente que los supermercados se vayan a quedar sin productos.
De hecho, J.P. Morgan señalaba en su perspectiva agrícola que no había señales inmediatas de una escasez generalizada, aunque advertía que las existencias globales frente al consumo se encontraban en niveles relativamente bajos y que eso hacía al mercado más vulnerable a interrupciones.
¿Qué podría pasar con los precios de los alimentos en México?
México no está aislado de esta situación.
El país importa importantes cantidades de granos, fertilizantes y otros productos agrícolas. Por ello, un incremento internacional de los costos puede terminar trasladándose, al menos parcialmente, a productores, empresas procesadoras y consumidores.
Pero tampoco significa que todos los alimentos subirán automáticamente 5%.
El impacto dependerá del producto, del tipo de cambio, de los costos de transporte, de las cosechas nacionales, de las importaciones y de las decisiones que tomen los productores y comercializadores.
Lo que sí parece claro es que 2027 podría convertirse en un año en el que la agricultura mundial enfrente una combinación particularmente compleja de riesgos.
La verdadera alerta no es quedarse sin comida, sino producirla cada vez más caro
La discusión sobre una posible crisis alimentaria suele reducirse a una pregunta sencilla: “¿habrá suficiente comida?”
Pero el problema puede ser más complejo.
Puede existir suficiente producción mundial y, aun así, millones de personas enfrentar dificultades para comprar alimentos si los precios aumentan demasiado.
Ese es quizá el riesgo que más debería preocupar: no necesariamente un planeta sin granos, sino un mercado donde producirlos sea cada vez más costoso y donde las familias con menores ingresos sean las primeras en resentirlo.
¿Tú qué opinas? ¿Estamos frente a una verdadera amenaza para la seguridad alimentaria mundial o los mercados están exagerando el riesgo? ¿Y qué debería hacer México desde ahora para evitar que una eventual crisis internacional termine golpeando el precio de la comida?







