Alcohol y vapeadores ponen en riesgo a jóvenes; CIJ alerta sobre el consumo de drogas

Dos vasos con bebidas alcohólicas
Dos vasos con bebidas alcohólicas

Los Centros de Integración Juvenil advierten que el alcohol puede facilitar el acercamiento a otras sustancias, mientras crece el uso de vapeadores entre adolescentes. La violencia, la presión social y la publicidad en redes también figuran entre los factores de riesgo.

Ciudad de México.— El consumo de alcohol durante la adolescencia no debe considerarse una práctica inofensiva ni un simple rito de convivencia. Los Centros de Integración Juvenil (CIJ) alertaron que su uso puede convertirse en una puerta de entrada al consumo de otras sustancias, entre ellas la mariguana y la metanfetamina, en una etapa en la que la salud física y emocional todavía se encuentra en desarrollo.

Carmen Fernández Cáceres, directora general de los CIJ, señaló que cerca de la mitad de las 80 mil consultas que la institución brinda cada año a adolescentes y sus familias está relacionada con problemas asociados con el consumo de metanfetamina y alcohol.

La especialista también advirtió sobre el aumento en el uso de vapeadores. Según los datos de una encuesta representativa que citó, 28 por ciento de los 250 mil adolescentes consultados había utilizado un cigarrillo electrónico.

Las cifras ponen sobre la mesa un problema que no puede reducirse a decisiones individuales: la disponibilidad de sustancias, la presión de grupo, la exposición a publicidad y las condiciones familiares y sociales también pueden influir en el acercamiento de los jóvenes al consumo.

Alcohol, metanfetamina y vapeadores: una alerta para las familias

El alcohol suele estar presente en reuniones sociales y celebraciones, lo que puede hacer que algunos adolescentes perciban su consumo como algo normal o de bajo riesgo. Sin embargo, comenzar a beber a edades tempranas puede aumentar la exposición a situaciones peligrosas y favorecer el contacto con otras sustancias, aunque no todas las personas que consumen alcohol desarrollan una adicción.

De acuerdo con Fernández Cáceres, los problemas vinculados con el alcohol y la metanfetamina representan una proporción importante de las consultas atendidas por los CIJ. Esta realidad muestra la necesidad de detectar oportunamente las señales de consumo problemático y facilitar el acceso a atención especializada.

Otro foco de preocupación son los vapeadores. Su presentación en dispositivos pequeños, con sabores y diseños atractivos, puede hacer que algunos adolescentes subestimen sus riesgos. No obstante, los cigarrillos electrónicos pueden contener nicotina y otras sustancias que afectan la salud, y su uso no debe confundirse con una práctica libre de consecuencias.

La directora de los CIJ también llamó la atención sobre la presencia de fentanilo en distintas drogas. Esta sustancia representa un riesgo particularmente grave porque puede provocar una sobredosis mortal, incluso cuando quien consume desconoce que está presente en el producto.

Por ello, la prevención debe incluir información clara y accesible, acompañamiento familiar y orientación profesional, en lugar de limitarse a advertencias ocasionales o castigos que no atiendan las causas del consumo.

Redes sociales, violencia y presión social: factores que elevan el riesgo

El entorno en el que crecen niñas, niños y adolescentes puede influir en sus decisiones. La violencia en el hogar o en la comunidad, el estrés, la ansiedad y la depresión pueden aumentar su vulnerabilidad, especialmente cuando no cuentan con redes de apoyo o espacios seguros para expresar lo que sienten.

A estos factores se suma la exposición a publicidad y estrategias de mercadotecnia que presentan el consumo como algo atractivo. Las redes sociales también pueden facilitar el contacto con personas que comercializan sustancias o exponer a los menores a retos virales que normalizan conductas peligrosas.

Frente a este panorama, los CIJ participan en iniciativas de prevención como la Estrategia Nacional por la Paz y contra las Adicciones, que busca promover estilos de vida saludables y sensibilizar sobre los riesgos del consumo de sustancias.

También se impulsa El ABC de las emociones, dirigido a estudiantes de tercero de secundaria y bachillerato, con herramientas para la contención emocional y la prevención en materia de salud mental. A ello se suma la campaña No Está Chido, que busca informar a niñas, niños y adolescentes sobre las consecuencias del consumo de alcohol, tabaco y otras drogas.

Estas acciones son relevantes, pero su alcance depende de que la prevención llegue de manera constante a las escuelas, los hogares y las comunidades. También requiere que las instituciones ofrezcan atención accesible a quienes ya presentan problemas de consumo.

Prevenir no es esperar a que un joven toque fondo

Las advertencias de los Centros de Integración Juvenil deben tomarse en serio. Cuando el alcohol se normaliza entre menores y los vapeadores se presentan como objetos de moda, el riesgo puede pasar inadvertido hasta que aparecen problemas escolares, familiares o de salud.

La responsabilidad no puede recaer únicamente en los adolescentes. Las familias necesitan información y orientación; las escuelas requieren herramientas para detectar señales de alerta, y las autoridades deben garantizar programas de prevención y tratamiento que no dependan solamente de campañas temporales.

También es necesario cuestionar la facilidad con la que los jóvenes pueden encontrarse con publicidad que minimiza los riesgos o con personas que ofrecen sustancias mediante redes sociales. Si se reconoce que el entorno influye en las decisiones, la respuesta debe incluir acciones concretas para reducir esa exposición.

La prevención tampoco debe basarse en estigmatizar a quienes ya enfrentan una adicción. Necesitan atención profesional, acompañamiento y oportunidades para recuperarse, no burlas ni exclusión.

La pregunta para madres, padres, docentes y autoridades es: ¿se está hablando con los adolescentes sobre los riesgos del alcohol, los vapeadores y otras drogas antes de que aparezcan los primeros problemas?

Y como sociedad, ¿estamos ofreciendo a las nuevas generaciones suficientes espacios seguros, apoyo emocional e información confiable, o seguimos reaccionando únicamente cuando el consumo ya se ha convertido en una crisis?

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