“Me avisas cuando llegues”. Es una frase que decimos por cariño, pero también por preocupación. La escucha quien sale del trabajo por la noche, quien regresa de la escuela o quien todavía tiene que caminar de la parada hasta su casa. Del otro lado hay alguien pendiente del teléfono, esperando un mensaje para poder descansar.
Creo que desde esa escena debemos hablar de seguridad en Lerma. Desde la tranquilidad que necesita una familia para seguir con su vida: salir a trabajar, estudiar, abrir un negocio o visitar a sus seres queridos sin que el regreso se convierta en una preocupación.
Para quien vuelve después de una jornada larga, el camino no termina al bajar del transporte. Todavía faltan unas calles, un cruce o un tramo que a cierta hora tiene poco movimiento. Hay quienes acuerdan que alguien salga a encontrarlos o avisan por dónde vienen. Son formas de cuidarse que muchas familias conocen, pero que también nos llevan a preguntar qué hace falta para recorrer esos espacios con mayor tranquilidad.
Me parece que escuchar a quienes hacen esos trayectos todos los días debería ser un punto de partida. Ellos saben qué luminaria dejó de funcionar, dónde se dificulta el paso o en qué lugar hace falta mayor atención. Esa experiencia merece convertirse en información útil para tomar decisiones y dar seguimiento a los problemas.
Las necesidades pueden cambiar entre una comunidad y otra de Lerma. También cambian según la hora. Un camino concurrido durante el día puede sentirse muy distinto cuando cierran los comercios y disminuye el transporte. Por eso considero importante que las acciones de seguridad tomen en cuenta los horarios y recorridos reales de las personas.
El alumbrado, las condiciones de las calles y la presencia policial forman parte de esta conversación. Una lámpara encendida no resuelve por sí sola la inseguridad, pero atender una falla reportada sí puede mejorar las condiciones de un trayecto. Del mismo modo, importa que la vigilancia responda a las necesidades de cada zona y que la población tenga claridad sobre cómo solicitar ayuda.
También debemos preguntarnos qué ocurre después de un reporte. ¿Se atendió? ¿Qué seguimiento tuvo? ¿La persona recibió orientación? Pedir ayuda en un momento de preocupación requiere una respuesta clara y un trato respetuoso. La confianza se construye también en esa atención cotidiana.
A las y los vecinos nos corresponde comunicarnos con responsabilidad, compartir información verificada y apoyarnos sin exponernos. Esa colaboración debe encontrar respaldo en autoridades que escuchen, atiendan y expliquen lo que están haciendo.
Quisiera que en Lerma pudiéramos hablar de seguridad pensando en algo tan sencillo como regresar a casa y descansar. Que una madre pueda dejar de mirar el teléfono, que un estudiante termine su recorrido con tranquilidad y que quien cerró su negocio llegue a convivir con su familia.
Que “me avisas cuando llegues” siga siendo una expresión de cariño y cada vez menos una frase de miedo.








