Durante mucho tiempo, las artes marciales fueron vistas como espacios exclusivos: solo para personas jóvenes, fuertes, atléticas o con experiencia previa. Sin embargo, esa idea está cambiando, y una de las voces que impulsa esta transformación en México es la de Anna Viesca Sánchez, artista marcial e instructora multidisciplinaria que ha hecho de la inclusión y la accesibilidad uno de los pilares de su trabajo.
Para Anna, las artes marciales no son un privilegio, sino una herramienta. Una que puede adaptarse a cualquier cuerpo, a cualquier historia y a cualquier etapa de la vida.
Un dojo donde nadie queda fuera
En las clases de Anna Viesca conviven niños, adultos, mujeres, hombres, personas mayores, principiantes absolutos y practicantes con experiencia. Lejos de imponer un modelo rígido, su enseñanza parte de una idea clara: no todos entrenan igual, y eso está bien.
“Cada persona llega con un ritmo, una energía y una necesidad distinta”, explica. Por eso su método se adapta a las posibilidades reales de cada alumno, ajustando técnicas, intensidad y objetivos sin perder la esencia marcial.
El resultado es un espacio donde el progreso no se mide por comparación, sino por evolución personal.
Diversidad como fortaleza
La diversidad no es un obstáculo dentro de su entrenamiento, sino uno de sus mayores valores. Personas con distintas personalidades, contextos y capacidades comparten el mismo espacio, aprenden juntas y se enriquecen mutuamente.
Niños tímidos ganan seguridad.
Adultos sin experiencia descubren que sí pueden.
Personas con inseguridades físicas encuentran respeto y acompañamiento.
En ese intercambio, el entrenamiento se vuelve más humano y más real.
Accesibilidad más allá de lo físico
Para Anna, la accesibilidad no se limita al movimiento corporal. También implica crear un entorno emocionalmente seguro, donde nadie se sienta juzgado, presionado o excluido.
Sus clases fomentan la paciencia, la escucha y el respeto. El error se entiende como parte del aprendizaje, no como un fracaso. Esta visión ha permitido que personas que nunca se sintieron “aptas” para el deporte encuentren en las artes marciales un espacio propio.
Romper estereotipos del mundo marcial
Como mujer joven dentro de un ámbito tradicionalmente rígido, Anna Viesca también ha contribuido a cuestionar viejos estereotipos. Su presencia y su método muestran que la fuerza no siempre se expresa de la misma forma y que la autoridad puede construirse desde la empatía y la preparación, no desde la imposición.
Esto ha abierto la puerta para que más mujeres y personas diversas se acerquen a entrenar sin miedo ni prejuicios.
Artes marciales como herramienta social
Más allá del entrenamiento físico, el trabajo de Anna tiene un impacto social claro. Al hacer las artes marciales más accesibles, promueve valores como la autoestima, el autocontrol, la disciplina y la convivencia respetuosa.
Su enfoque demuestra que las artes marciales pueden ser un camino de bienestar, inclusión y desarrollo personal, no solo un espacio de competencia o exigencia extrema.







