En el discurso del desarrollo personal, la motivación suele presentarse como el motor principal del éxito. Sin embargo, Carlos Prats García propone una idea distinta, más honesta y, sobre todo, más sostenible: no siempre hay que estar motivado para empezar; a veces basta con empezar para que la motivación aparezca. Esta filosofía, nacida de años de experiencia en el ámbito creativo, se ha convertido en uno de los pilares de su pensamiento como motivador personal.
Romper el mito de la motivación constante
Carlos Prats García parte de una premisa clara: esperar a sentirse inspirado es una trampa. En la vida creativa —y en cualquier proceso de crecimiento personal— la motivación es volátil. Hay días de energía alta y otros de duda, cansancio o bloqueo.
Para él, el verdadero hábito transformador no es “sentirse con ganas”, sino actuar incluso cuando las ganas no están. Empezar un proyecto, aunque sea con un avance mínimo, rompe la inercia de la procrastinación y devuelve el control a la persona.
La acción como generadora de impulso
Desde su enfoque, la motivación no siempre antecede a la acción; muchas veces es consecuencia de ella. Carlos Prats García defiende que el simple acto de comenzar —abrir el cuaderno, encender la computadora, hacer el primer boceto— crea un pequeño impulso emocional. Ese impulso, aunque discreto, tiene un efecto acumulativo: reduce la ansiedad, aumenta la claridad y refuerza la confianza.
No se trata de grandes avances, sino de microacciones consistentes que mantienen viva la conexión con la meta personal.
Disciplina amable, no rigidez extrema
A diferencia de discursos motivacionales basados en la presión y la autoexigencia excesiva, Prats García habla de una disciplina amable. Empezar sin motivación no significa castigarse, sino comprometerse con uno mismo desde la honestidad.
Hay días en los que el progreso será mínimo, y eso también cuenta. Para él, la clave está en no romper el vínculo con el proceso creativo o personal, incluso en los momentos de menor energía.
El hábito que fortalece la identidad
Uno de los puntos más poderosos de esta filosofía es su impacto en la identidad. Cada vez que una persona empieza a pesar de no tener motivación, refuerza una idea interna: “soy alguien que cumple consigo mismo”.
Carlos Prats García sostiene que el éxito no se construye solo con resultados visibles, sino con la repetición de decisiones coherentes. Empezar, aun sin entusiasmo, es una de ellas. Con el tiempo, este hábito transforma la percepción personal y fortalece la confianza.
Empezar como acto de respeto propio
En su visión como motivador personal, comenzar incluso sin motivación es un acto de respeto hacia uno mismo y hacia la visión personal. No se espera al momento perfecto, porque ese momento rara vez llega.
Empezar es decirse: “mi proyecto importa, aunque hoy no me sienta en mi mejor versión”. Esa mentalidad, aplicada de forma constante, es lo que permite sostener procesos largos y significativos.
Una filosofía aplicable a cualquier meta
Aunque surge del mundo creativo, esta idea trasciende disciplinas. Empezar sin motivación aplica al ejercicio, al aprendizaje, a la salud mental, a los proyectos personales y profesionales.
Carlos Prats García lo resume en una frase sencilla pero poderosa: la constancia no nace de la motivación, nace del compromiso.







