El proceso electoral rumbo a 2027 comienza a tomar forma en el municipio de Lerma, donde los partidos que integran la llamada Cuarta Transformación (4T) ya han iniciado movimientos estratégicos para posicionar a sus posibles candidatos. A diferencia de otros procesos, el panorama actual revela una competencia interna más compleja que abierta, marcada por liderazgos fragmentados, estrategias dispares y una evidente disputa por la candidatura común.
Morena: entre la promoción anticipada y la construcción de consensos
Dentro de Morena, dos perfiles destacan como aspirantes visibles, aunque con caminos políticos muy distintos.
Por un lado, el actual diputado local Kalid Mohamed ha optado por una estrategia tradicional de posicionamiento: presencia territorial mediante propaganda y actividad constante en redes sociales. Sin embargo, su avance no necesariamente se traduce en respaldo político sólido. Diversos analistas locales coinciden en que su principal debilidad radica en la falta de aceptación entre los partidos aliados, un factor determinante en un escenario donde la coalición será clave para competir.

En contraste, el empresario y activista Tony Ruiz ha construido una ruta más discreta pero políticamente estratégica. Su cercanía con el gobierno estatal y su interlocución con liderazgos del Partido del Trabajo y el Partido Verde lo colocan como un perfil con mayor capacidad de articulación. Más allá de la promoción personal, su fortaleza parece residir en la posibilidad de convertirse en un punto de convergencia entre las fuerzas de la 4T.
Partido Verde: múltiples aspirantes, una posible carta fuerte
El Partido Verde Ecologista de México (PVEM) presenta un escenario más diverso, aunque no necesariamente más competitivo en términos individuales.
Entre sus figuras visibles se encuentra Karla Gordillo, quien ha recurrido a prácticas tradicionales de contacto ciudadano, como la entrega de apoyos sociales. No obstante, su estrategia ha sido percibida como limitada en términos de innovación política, lo que podría reducir su alcance frente a un electorado cada vez más crítico.
Por otro lado, Karla Cortés Treviño busca consolidarse dentro del partido tras su salida de otras fuerzas políticas. Su reto principal radica en lograr una identidad propia dentro del Verde sin depender de estructuras previas, lo cual podría definir su viabilidad en el mediano plazo.

Sin embargo, el nombre que genera mayor expectativa dentro del PVEM es el de Luis Carballo. Su cercanía con la dirigencia estatal del partido y su trabajo territorial constante lo posicionan como un perfil competitivo. A diferencia de otros aspirantes, Carballo ha apostado por una estrategia de proximidad ciudadana sostenida, basada en recorridos y contacto directo con la población, lo que le ha permitido construir un respaldo más orgánico.

PT: ausencia de liderazgo claro
En contraste con Morena y el Partido Verde, el Partido del Trabajo enfrenta un vacío evidente en cuanto a figuras competitivas en Lerma. Hasta el momento, no se identifica un perfil con la proyección suficiente para disputar la candidatura, lo que podría obligar al partido a alinearse con alguno de sus aliados o a negociar espacios dentro de una eventual coalición.
Claves del escenario electoral en Lerma
El panorama actual deja ver tres factores determinantes rumbo a 2027:
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La construcción de una candidatura común: La viabilidad electoral de la 4T dependerá en gran medida de su capacidad para evitar fracturas internas.
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El peso de las alianzas políticas: Más allá del posicionamiento individual, la cercanía con liderazgos estatales y nacionales será decisiva.
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El contacto territorial real: Los perfiles que logren consolidar una base social auténtica tendrán ventaja frente a estrategias meramente propagandísticas.
Un proceso que apenas comienza
Aunque aún falta tiempo para la definición oficial de candidaturas, los movimientos actuales anticipan una contienda interna intensa. Lerma se perfila como un caso emblemático donde la unidad de la 4T no está garantizada y donde las decisiones políticas en los próximos meses podrían redefinir por completo el tablero electoral.
En este contexto, más que nombres, lo que está en juego es la capacidad de los partidos para construir un proyecto común que responda tanto a las exigencias políticas como a las demandas ciudadanas.







