Aunque los indicadores oficiales muestran una reducción en los robos a negocios durante 2025, comerciantes del Estado de México advierten que la inseguridad sigue siendo una amenaza diaria y que denunciar no siempre se traduce en justicia.
Los registros de seguridad pública indican que entre enero y noviembre de 2025 se iniciaron 13,644 carpetas de investigación por robo a negocios en el Estado de México, lo que representa una reducción cercana a dos mil casos en comparación con el mismo periodo de 2024.
De acuerdo con estos datos, la tendencia a la baja también se refleja en los robos cometidos con violencia, que descendieron 22.4%, pasando de más de ocho mil denuncias el año pasado a poco más de seis mil en el periodo actual.
Estas cifras han sido presentadas como un avance en la estrategia de seguridad; sin embargo, la percepción en las calles cuenta una historia distinta.
Propietarios y trabajadores de pequeños y medianos comercios aseguran que la reducción estadística no se traduce en mayor tranquilidad. Para muchos, levantar una denuncia se ha convertido en un trámite que rara vez termina con la detención de los responsables.
“Denuncias, pierdes tiempo y al final no pasa nada”, relatan empleados de tiendas que han sido víctimas de asaltos en repetidas ocasiones. La falta de seguimiento a los casos y la escasa respuesta de las autoridades han generado desconfianza en el sistema de justicia.
En municipios como Ecatepec, una de las zonas con mayor actividad comercial del estado, los comerciantes afirman que los asaltos son frecuentes, incluso en horarios diurnos. Ante la ausencia de resultados concretos tras las denuncias, muchos han optado por reforzar sus negocios con rejas, cortinas metálicas y sistemas de seguridad privados.
Estas acciones, aunque necesarias para proteger su patrimonio, representan un gasto adicional para negocios que ya enfrentan retos económicos.
Especialistas advierten que la disminución en las carpetas de investigación no necesariamente significa menos robos, sino que podría estar relacionada con la falta de confianza para denunciar. El miedo a represalias y la percepción de impunidad influyen en que muchas víctimas decidan no acudir ante las autoridades.
En conclusión,mientras los reportes oficiales destacan avances, la experiencia cotidiana de los comerciantes revela una brecha entre las estadísticas y la realidad. Para quienes viven del comercio, la seguridad sigue siendo una deuda pendiente y la exigencia es clara: no solo reducir números, sino garantizar resultados y justicia efectiva.







