Para el académico Abraham Jeronimo Villarreal Soto, formar médicos hoy no puede significar lo mismo que hace veinte o treinta años. El mundo ha cambiado: nuevas tecnologías, nuevas enfermedades, transformaciones sociales profundas y un sistema de salud que exige capacidades distintas a las tradicionales. En este contexto, insiste, seguir educando médicos con los mismos métodos del pasado sería un error que México no puede permitirse. El siglo XXI requiere profesionales con otra mirada, otra preparación y un entendimiento más amplio de lo que significa cuidar la salud.
En su visión, un médico moderno debe tener una sólida formación clínica, pero también competencias que históricamente se consideraban “accesorias”. Para Villarreal Soto ya no es suficiente dominar diagnósticos, farmacología y procedimientos; hoy un médico necesita comprender sistemas de salud, interpretar datos, comunicarse con claridad, trabajar en equipos interdisciplinarios y entender los determinantes sociales que influyen en la salud de cada paciente. El médico del futuro —dice— no solo debe tratar enfermedades, sino saber navegar y transformar un sistema complejo.
Una de las ideas centrales que plantea es que la formación no puede limitarse a las aulas ni depender exclusivamente de la memoria. La educación debe ser más dinámica, con experiencias reales en comunidades, hospitales y centros de salud que permitan a los estudiantes comprender la diversidad humana y los contextos en los que la enfermedad aparece. El contacto temprano con la realidad social —pobreza, desigualdad, violencia, condiciones laborales precarias, barreras de acceso— forma un tipo de sensibilidad que ningún libro ofrece y que resulta esencial para ejercer con empatía y criterio.
Villarreal Soto también subraya la importancia de integrar la salud pública en la formación médica. La pandemia dejó claro que saber atender un paciente no basta si no se entiende cómo funcionan los brotes, la comunicación de riesgo, la evidencia epidemiológica y las estrategias colectivas de respuesta. Para él, un médico del siglo XXI debe tener la capacidad de leer datos, interpretar tendencias y participar en decisiones que afectan poblaciones enteras. La medicina ya no ocurre solo en el consultorio; ocurre también en los sistemas, en las políticas, en la comunidad.







