¿Por qué en México le decimos “Tehuacán” a casi cualquier agua mineral?

Botella de agua-botella de plástico
Botella de agua-botella de plástico

La costumbre nació de una marca que logró posicionarse durante décadas y terminó convirtiendo su nombre en una forma cotidiana de pedir agua mineral.

Hay palabras que dejan de ser solamente una marca y terminan formando parte de la manera en que hablamos. En México, uno de los ejemplos más curiosos ocurre cuando alguien pide un “Tehuacán” para referirse a un agua mineral, aunque la botella que recibe pertenezca a otra empresa.

Pero, ¿de dónde viene esta costumbre?

La respuesta está en la historia de una empresa que comenzó a explotar los manantiales de Tehuacán, Puebla, y que durante buena parte del siglo XX consiguió que su nombre se asociara prácticamente con toda una categoría de bebidas.

El origen de “Tehuacán” como sinónimo de agua mineral

La historia se remonta a 1928, cuando José María García Crespo y Carlos Silva fundaron la empresa Manantial de Tehuacán S.A., con el propósito de aprovechar y comercializar el agua proveniente de los manantiales de Tehuacán.

El producto consiguió una amplia aceptación y la marca Tehuacán comenzó a ganar presencia en distintas regiones del país.

Durante casi dos décadas, la compañía consiguió una importante expansión comercial, hasta convertirse en una referencia para quienes buscaban agua mineral.

Y aquí está la clave para entender la expresión que todavía permanece en el lenguaje cotidiano: el nombre de la marca terminó identificándose con el producto mismo.

Es un fenómeno conocido en el mundo del consumo: cuando una marca consigue una presencia dominante durante mucho tiempo, su nombre puede comenzar a utilizarse de manera coloquial para referirse a productos similares, incluso cuando pertenecen a competidores.

Una marca que desapareció, pero no la costumbre

Uno de los episodios más llamativos de esta historia ocurrió en 1948, cuando José María García Crespo dejó la empresa.

Con el paso del tiempo, el negocio y la denominación original dejaron de existir de la misma manera, pero la palabra “Tehuacán” permaneció en el habla de los consumidores.

Es decir, aunque las nuevas generaciones ya no necesariamente conocieron aquella agua mineral original que dio origen a la expresión, la costumbre de utilizar su nombre continuó transmitiéndose entre familias.

Por eso todavía es posible escuchar a alguien pedir un “Tehuacán” en una tienda, restaurante o comida familiar y que, en realidad, simplemente esté solicitando agua mineral.

¿Qué pasó con las marcas relacionadas?

La historia empresarial detrás de aquellas marcas también cambió con el paso de las décadas.

La información de origen señala que García Crespo pasó posteriormente a formar parte del portafolio de Grupo Embotellador PepsiCo, mientras que Peñafiel pertenece actualmente al conglomerado internacional Keurig Dr Pepper.

Peñafiel, además, se consolidó como una de las marcas más reconocidas del mercado mexicano de agua mineral.

Esto explica una paradoja interesante: el nombre que sobrevivió en el lenguaje cotidiano no necesariamente corresponde hoy a la botella que el consumidor está comprando.

Cuando una marca se convierte en parte del lenguaje mexicano

El caso de “Tehuacán” no es solamente una curiosidad relacionada con las bebidas.

También es un ejemplo de cómo las marcas pueden adquirir una dimensión cultural.

En México existen numerosos productos cuyos nombres comerciales son utilizados de manera cotidiana para identificar categorías completas. La gente puede conocer perfectamente que existen distintas marcas, pero aun así utilizar el nombre que durante generaciones quedó asociado con determinado producto.

En el caso del agua mineral, “Tehuacán” sobrevivió como una expresión coloquial, incluso cuando las circunstancias empresariales y las marcas que dominaban el mercado cambiaron.

Y quizá lo más curioso es que muchas personas que hoy utilizan la palabra nunca probaron ni conocieron el producto original que dio origen a la tradición.

Una palabra que sobrevivió a la marca

La próxima vez que alguien pida un “Tehuacán” y le entreguen una botella de agua mineral de otra marca, probablemente no se trate de una confusión.

Es el resultado de casi un siglo de historia comercial, tradición familiar y costumbre lingüística.

Lo que comenzó en Tehuacán, Puebla, en 1928, terminó convirtiéndose en una expresión que trascendió a la propia empresa y que todavía forma parte del vocabulario cotidiano de muchos mexicanos.

Una marca puede desaparecer, cambiar de dueño o quedar relegada frente a sus competidores. Pero cuando consigue instalarse en el lenguaje, puede sobrevivir durante generaciones.

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