Jóvenes en México enfrentan una creciente pérdida de pertenencia: estudio revela desconexión con escuela, familia y sociedad

Los squishies y chicles el nuevo “botiquín” emocional de miles de jóvenes frente a la ansiedad
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Ciudad de México.— Una parte importante de los jóvenes en México atraviesa una creciente sensación de desconexión con los espacios que tradicionalmente han funcionado como referentes para construir identidad y pertenencia.

El estudio “Jóvenes en México 2026” señala que 38.7% de los jóvenes mexicanos asegura que no logra sentirse parte de ningún lugar, una situación que los investigadores relacionan con un fenómeno denominado “desafiliación”.

Los resultados plantean que el problema va más allá de una supuesta falta de interés de las nuevas generaciones. De acuerdo con la investigación, existe un distanciamiento con instituciones como la escuela, la familia, el empleo y la política, que históricamente han sido espacios fundamentales para la integración social.

Escuela y familia también enfrentan una crisis de conexión

Entre los datos que destaca el estudio se encuentra que 43.2% de los jóvenes considera que los contenidos que aprende en la escuela no son de su interés.

A esto se suma una dificultad para encontrar espacios de confianza. 41.1% afirma que no tiene con quién hablar sobre sus problemas, mientras que 40.9% siente que su familia no logra comprenderlo.

Estos indicadores muestran que la desconexión no necesariamente significa aislamiento físico. Un joven puede encontrarse rodeado de personas y, al mismo tiempo, experimentar la sensación de no ser escuchado o comprendido.

Ansiedad y soledad, otras señales de malestar juvenil

El estudio también identifica distintos indicadores relacionados con el bienestar emocional de las nuevas generaciones.

39.2% de los jóvenes reporta sentir ansiedad frente a los problemas, mientras que 31.3% asegura sentirse muy solo y triste a pesar de contar con amigos.

La combinación de estos datos apunta hacia una realidad en la que las redes sociales y los vínculos personales no siempre se traducen en una verdadera sensación de acompañamiento o pertenencia.

Para los investigadores, estos resultados deben analizarse con mayor profundidad y evitar explicaciones simplistas que responsabilicen exclusivamente a los jóvenes.

Independizarse también representa un desafío

La construcción de un proyecto de vida independiente enfrenta además obstáculos económicos y sociales.

De acuerdo con el estudio, 76% de los jóvenes de entre 15 y 19 años continúa viviendo con su familia de origen, mientras que únicamente 8% ha logrado independizarse.

La permanencia en el hogar familiar no necesariamente representa por sí misma un problema, especialmente durante la adolescencia. Sin embargo, el dato adquiere relevancia cuando se analiza junto con las dificultades que enfrentan los jóvenes para incorporarse plenamente a la vida adulta y construir espacios propios.

¿Una “generación de cristal”? El estudio plantea otra explicación

Uno de los planteamientos centrales de la investigación es cuestionar las etiquetas utilizadas para describir a las nuevas generaciones.

Los especialistas señalan que hablar simplemente de una “generación de cristal” o de jóvenes apáticos puede ocultar las causas estructurales detrás del fenómeno.

En lugar de responsabilizar exclusivamente a los jóvenes por su falta de conexión, el concepto de desafiliación propone observar qué está ocurriendo con los espacios e instituciones que deberían generar vínculos, oportunidades y sentido de pertenencia.

La conclusión del estudio apunta a una transformación más profunda: las instituciones diseñadas bajo modelos de generaciones anteriores podrían estar perdiendo capacidad para responder a las necesidades y expectativas de los jóvenes actuales.

Un reto para las instituciones

Los datos de “Jóvenes en México 2026” abren un debate sobre la manera en que la escuela, la familia, el trabajo y otros espacios sociales están acompañando a las nuevas generaciones.

Más que interpretar la desconexión juvenil únicamente como apatía, los resultados plantean la necesidad de preguntarse si las instituciones están ofreciendo condiciones suficientes para que los jóvenes puedan sentirse escuchados, comprendidos y parte de una comunidad.

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