La iniciativa plantea otorgar permiso con goce de sueldo por la muerte de un animal de compañía, siempre que el fallecimiento pueda acreditarse mediante un veterinario
NOTIDEX JURIDICO.- Ciudad de México.— Perder a una mascota podría dejar de ser considerado únicamente un asunto personal y convertirse, si una iniciativa prospera en el Congreso, en una circunstancia reconocida dentro de la legislación laboral mexicana.
La diputada federal de Morena, Rosa Alejandra Rodríguez Díaz de León, presentó una propuesta para modificar el artículo 132 de la Ley Federal del Trabajo (LFT) y establecer un permiso de tres días laborales con goce de sueldo para las personas trabajadoras que enfrenten la muerte de un animal de compañía bajo su cuidado.
La propuesta parte de una realidad que ya forma parte de millones de hogares mexicanos. La Encuesta Nacional de Bienestar Autorreportado (ENBIARE) 2021 del INEGI estimó que 69.8% de los hogares del país tenía al menos una mascota, equivalente a alrededor de 25 millones de hogares.
Sin embargo, hay una precisión importante: este permiso no existe actualmente como un derecho laboral en México. Para convertirse en una prestación obligatoria tendría que avanzar el proceso legislativo correspondiente.
¿Cómo funcionaría el permiso por muerte de una mascota?
La iniciativa propone incorporar el permiso dentro de las obligaciones que establece el artículo 132 de la Ley Federal del Trabajo.
En términos generales, la persona trabajadora podría ausentarse durante tres días laborales y conservar su salario después del fallecimiento de su mascota.
Pero no bastaría con informar al empleador.
La propuesta contempla que el fallecimiento del animal pueda acreditarse mediante una constancia expedida por un médico veterinario zootecnista, siempre que se trate de un animal de compañía que estuviera bajo el cuidado de la persona trabajadora.
El planteamiento busca establecer un mecanismo verificable para evitar que el permiso dependa exclusivamente de la palabra del trabajador y, al mismo tiempo, incorporar una circunstancia que actualmente no cuenta con un reconocimiento específico dentro de las licencias laborales previstas en la legislación.
La discusión se conecta con un concepto conocido como “duelo desautorizado”, utilizado para describir pérdidas que pueden generar una respuesta emocional significativa, pero que socialmente no siempre reciben el mismo reconocimiento que otros procesos de duelo.
¿Qué significa el “duelo desautorizado”?
La propuesta sostiene que la muerte de un animal de compañía puede generar consecuencias emocionales como tristeza, ansiedad, culpa, problemas para dormir o dificultades para concentrarse.
Desde esa perspectiva, los tres días planteados no serían solamente una licencia para realizar trámites relacionados con la muerte del animal, sino un periodo para que la persona pueda afrontar los primeros momentos del duelo sin tener que elegir entre acudir al trabajo o atender su situación emocional.
El argumento adquiere relevancia si se considera la presencia de animales de compañía en los hogares mexicanos. El INEGI reportó en la ENBIARE 2021 que 69.8% de los hogares tenía mascotas y estimó cerca de 80 millones de animales viviendo en esos hogares.
La propuesta también menciona experiencias internacionales en las que se han explorado mecanismos para reconocer circunstancias relacionadas con la pérdida de animales de compañía.
No obstante, trasladar esa discusión al ámbito laboral mexicano implica resolver cuestiones prácticas: quién tendría derecho al permiso, qué animales podrían considerarse de compañía, cómo se acreditaría el fallecimiento y qué obligaciones tendría el empleador.
La propuesta todavía debe pasar por el Congreso
El anuncio de la iniciativa no significa que los trabajadores mexicanos ya puedan solicitar tres días pagados por la muerte de su mascota.
Para que esto ocurra tendría que continuar el proceso legislativo, que incluye el análisis en comisiones y, en su caso, la discusión y votación correspondiente en la Cámara de Diputados. Si el proyecto requiriera modificaciones a otros ordenamientos o siguiera la ruta legislativa correspondiente, tendría que completar las etapas constitucionales aplicables.
Por ahora, el marco laboral no contempla este permiso como una prestación general obligatoria.
La propuesta, por tanto, abre un debate que va más allá de perros y gatos: ¿hasta dónde debe llegar la legislación laboral para reconocer circunstancias personales que afectan emocionalmente a los trabajadores?
El tema puede parecer anecdótico hasta que se observa desde la realidad de millones de hogares.
Para algunas personas, una mascota forma parte de su vida cotidiana durante años y su muerte puede representar una pérdida emocional considerable. El propio dato del INEGI —69.8% de hogares con mascotas— muestra que no se trata de una situación excepcional.
Pero reconocer esa realidad en la ley también implica preguntarse dónde debe establecerse el límite.
Si se reconoce un permiso por la muerte de una mascota, ¿debería aplicarse únicamente a perros y gatos?, ¿también a aves, conejos, peces u otros animales de compañía?, ¿quién comprobaría que existía una relación de cuidado?, ¿cómo evitar que la medida genere conflictos entre trabajadores y empleadores?
La propuesta tiene precisamente ahí su mayor desafío: convertir una experiencia profundamente personal en una regla laboral clara, verificable y aplicable para todos.
Si una mascota forma parte de la vida cotidiana de millones de familias, ¿debería la Ley Federal del Trabajo reconocer el duelo por su muerte con tres días de permiso pagado, o corresponde que este tipo de situaciones permanezcan como acuerdos entre trabajadores y empleadores?







