El Estado de México registró 7.3 muertes por suicidio por cada 100 mil habitantes, por encima del promedio nacional de 6.8. Entre niñas, niños y adolescentes se contabilizaron 179 fallecimientos, de acuerdo con cifras preliminares.
Toluca, Estado de México.– El suicidio se mantiene como un desafío de salud pública en el Estado de México. Durante 2025, la entidad reportó una tasa de 7.3 muertes por cada 100 mil habitantes, superior al promedio nacional de 6.8, de acuerdo con cifras preliminares de las Estadísticas de Defunciones Registradas del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI).
En el país se contabilizaron 8 mil 846 fallecimientos por esta causa, mientras que el indicador mexiquense se ubicó por encima de la media nacional. Más allá de las cifras, los datos ponen sobre la mesa la necesidad de fortalecer la prevención, garantizar atención psicológica accesible y hablar del tema sin prejuicios.
El problema no puede explicarse a partir de un solo acontecimiento. Las situaciones de violencia, el aislamiento, las pérdidas, la discriminación, las dificultades económicas y diversos problemas de salud pueden formar parte de contextos de vulnerabilidad, pero ninguno de estos factores, por sí solo, permite explicar una muerte por suicidio.
Reducir el fenómeno a una discusión familiar, una ruptura sentimental o un conflicto escolar puede ocultar la complejidad del sufrimiento que atraviesa una persona y dificultar que reciba ayuda a tiempo.
Edomex registra 179 muertes por suicidio entre menores de edad
Uno de los datos que requieren especial atención es el relacionado con niñas, niños y adolescentes. Durante 2025, el Estado de México registró 179 fallecimientos por suicidio entre personas de 10 a 17 años, la cifra absoluta más alta del país para ese grupo de edad, según un análisis de la Red por los Derechos de la Infancia en México (REDIM), elaborado con registros del INEGI.
La tasa estatal para este sector alcanzó 7.8 casos por cada 100 mil habitantes, mientras que a nivel nacional se contabilizaron 821 muertes en ese rango de edad.
Aunque el tamaño de la población mexiquense influye en el número absoluto de casos, la tasa también refleja la dimensión del problema y la necesidad de reforzar las acciones de prevención dirigidas a las nuevas generaciones.
La violencia, el acoso escolar y digital, la discriminación, las presiones sociales y los conflictos personales pueden agravar el sufrimiento emocional de algunos adolescentes. Sin embargo, no todas las personas reaccionan de la misma manera ante estas experiencias y es importante evitar generalizaciones.
La psicóloga Gloria Morales, consultada por AD Noticias, advirtió sobre la soledad y la presión social que pueden experimentar las nuevas generaciones, incluso cuando mantienen una intensa interacción en entornos digitales.
El reto para las familias, las escuelas y las instituciones consiste en identificar cuándo una persona necesita apoyo, escuchar sin minimizar sus emociones y facilitar el acceso a profesionales de la salud mental.
Señales de alerta: cómo identificar cuándo alguien necesita ayuda
No existe una señal única que permita anticipar una conducta suicida. Sin embargo, hay cambios que merecen atención, especialmente cuando se presentan de manera conjunta, se intensifican o aparecen después de una experiencia dolorosa.
Entre las posibles señales de alerta se encuentran:
- Hablar de la muerte o expresar deseos de quitarse la vida.
- Manifestar desesperanza o decir que las demás personas estarían mejor sin ella.
- Alejarse de familiares, amistades o actividades que antes disfrutaba.
- Despedirse de manera inusual o regalar pertenencias importantes.
- Mostrar cambios repentinos en el estado de ánimo o el comportamiento.
- Aumentar el consumo de alcohol u otras sustancias.
- Presentar alteraciones importantes en el sueño o la alimentación.
- Realizar autolesiones o exponerse a situaciones de riesgo.
Estas señales no deben utilizarse para emitir diagnósticos. Su presencia puede ser una razón para acercarse, preguntar cómo se siente la persona y buscar orientación profesional.
Hablar del suicidio puede abrir la puerta a la ayuda
Cuando existe preocupación por alguien, preguntar de manera directa y tranquila si ha pensado en suicidarse no provoca que desarrolle esa conducta. Por el contrario, puede permitir que exprese lo que está viviendo y encuentre un espacio para pedir apoyo.
Escuchar sin juzgar, evitar los regaños y no minimizar el sufrimiento son pasos importantes. Frases como “échale ganas” o “no tienes motivos para sentirte así” pueden hacer que la persona se sienta incomprendida.
En cambio, expresar disposición para acompañarla y buscar ayuda profesional puede marcar una diferencia.
Si existe un riesgo inmediato, es importante no dejar sola a la persona, procurar un entorno seguro y solicitar atención de emergencia.
¿Dónde pedir ayuda en el Estado de México?
Las personas que atraviesan una crisis emocional o que acompañan a alguien en esa situación pueden recurrir a los siguientes servicios, de acuerdo con la información proporcionada:
- Línea de la Vida: 800 911 2000, con atención las 24 horas.
- Instituto Mexiquense de Salud Mental y Adicciones: orientación y servicios de atención en el Estado de México.
- Centros Comunitarios de Salud Mental y Adicciones: atención y orientación para personas que requieren apoyo.
- Emergencias: 911, cuando existe peligro inmediato para la vida o la integridad de una persona.
La prevención del suicidio no puede recaer únicamente en las familias. También requiere servicios de salud mental accesibles, personal capacitado, detección temprana en escuelas y centros de salud, y políticas públicas que atiendan las necesidades emocionales de la población.
Una cifra que obliga a mirar más allá de las estadísticas
Que el Estado de México haya superado la tasa nacional de muertes por suicidio en 2025 plantea preguntas sobre la capacidad de respuesta de las instituciones y las condiciones en las que niñas, niños, adolescentes y adultos pueden acceder a atención psicológica oportuna.
La cifra de 179 fallecimientos entre menores de edad exige especial atención, pero también una respuesta que evite estigmatizar a quienes atraviesan una crisis emocional.
La reflexión para la sociedad es inevitable: ¿qué tan preparados están nuestros hogares, escuelas y servicios públicos para escuchar a una persona que sufre antes de que su situación se convierta en una emergencia?
Hablar del suicidio con responsabilidad, reconocer las señales de alerta y facilitar el acceso a ayuda profesional son acciones que pueden contribuir a la prevención. Pedir apoyo no es una debilidad: es un paso importante para enfrentar el sufrimiento y encontrar alternativas.







