Aunque su origen se relaciona con la tradición árabe y su llegada a México ocurrió durante la época colonial, Toluca transformó el alfeñique en una expresión de identidad cultural. Su historia se remonta al siglo XVII y hoy es protagonista de una de las celebraciones más emblemáticas del Estado de México.
Toluca, Estado de México.— Cada año, durante la temporada de Día de Muertos, las calles de Toluca se llenan de calaveras de azúcar, figuras de animales, frutas y otras creaciones que combinan creatividad, tradición y sabor. Sin embargo, detrás de estos dulces existe una historia que conecta distintas culturas y que convirtió a la capital mexiquense en uno de los principales referentes del alfeñique en México.
Aunque suele asociarse con las tradiciones mexicanas, el alfeñique tiene antecedentes que se remontan al mundo árabe. Su nombre llegó al español a través de esa herencia cultural y se utiliza para identificar una preparación dulce que, con el paso de los siglos, adquirió distintas formas y significados.
Su llegada a territorio mexicano se relaciona con la época colonial, cuando los españoles introdujeron costumbres e ingredientes que posteriormente se mezclaron con las prácticas locales. En Toluca, esa tradición encontró un espacio para desarrollarse hasta convertirse en una expresión artesanal reconocida por sus figuras y su vínculo con el Día de Muertos.
Francisco de la Rosa y los orígenes del alfeñique en Toluca
La historia local sitúa alrededor de 1630 la elaboración de alfeñique por Francisco de la Rosa, quien habría trabajado este dulce en un taller ubicado en la actual avenida Independencia, en el centro de Toluca.
A partir de esta tradición, los artesanos comenzaron a dar forma al azúcar para crear figuras como venados, borregos y otras representaciones animales. Algunas de ellas tenían un significado religioso y se vinculaban con la enseñanza católica del Cordero de Dios durante la evangelización de la población en la época colonial.
Con el paso del tiempo, la creatividad de los productores amplió el repertorio de figuras. Las calaveras y los cráneos de azúcar adquirieron protagonismo en las celebraciones de Día de Muertos, hasta convertirse en algunas de las imágenes más reconocibles del alfeñique toluqueño.
Así, un dulce con antecedentes extranjeros desarrolló en Toluca características propias, transmitidas de generación en generación por familias dedicadas a su elaboración.
De la Feria de Todos los Santos a la Feria del Alfeñique
La celebración que hoy conocemos como Feria del Alfeñique también tiene una historia particular. Antes de adoptar su nombre actual, era identificada como Feria de Todos los Santos, una denominación relacionada con las festividades religiosas de finales de octubre y principios de noviembre.
El origen exacto de esta feria no está plenamente establecido. Entre las versiones sobre su desarrollo se encuentra la posibilidad de que la tradición se fortaleciera con la inauguración de los Portales de Toluca, espacio que con el tiempo se convirtió en uno de los principales puntos de reunión y comercio de la ciudad.
Una referencia importante en la transformación de la celebración se atribuye a la artesana Victoria Morales Jaromo, a quien se relaciona con la organización de los alfeñiqueros toluqueños y el impulso que recibió la feria en 1979.
Desde entonces, el nombre de Feria del Alfeñique se consolidó como una referencia de la identidad cultural de la capital mexiquense. La celebración reúne a productores, comerciantes y visitantes que encuentran en estas figuras de azúcar una forma de mantener viva una tradición artesanal.
¿Por qué el alfeñique es tan importante para Toluca?
El valor del alfeñique va más allá de su elaboración y comercialización. Cada figura representa horas de trabajo manual, conocimientos transmitidos entre generaciones y una práctica cultural que distingue a Toluca durante la temporada de Día de Muertos.
Las calaveras, los ataúdes, los borregos y las frutas de azúcar forman parte de una tradición que combina elementos religiosos, históricos y populares. Aunque sus antecedentes no son exclusivamente mexicanos, la manera en que se trabaja y se presenta en Toluca le ha dado una identidad propia.
La Feria del Alfeñique también genera actividad económica para los artesanos y comerciantes, además de atraer visitantes interesados en conocer las tradiciones de la ciudad.
El alfeñique forma parte del patrimonio cultural del Estado de México, reconocimiento que refuerza la importancia de preservar los conocimientos y las prácticas relacionadas con su elaboración.
Sin embargo, mantener viva esta herencia requiere algo más que organizar una feria cada año. También implica garantizar espacios para los artesanos, impulsar el aprendizaje de las nuevas generaciones y promover el consumo de las piezas tradicionales frente a productos fabricados de manera industrial.
¿Importa que el alfeñique no haya nacido en México?
La historia del alfeñique deja una reflexión interesante: una tradición no necesita haberse originado en un país para convertirse en parte de su identidad cultural.
México está lleno de expresiones que surgieron del encuentro entre distintas culturas y que, con el paso de los siglos, adquirieron características propias. En el caso de Toluca, el alfeñique dejó de ser solamente una preparación dulce para convertirse en una manifestación artesanal asociada con la memoria, las festividades y la economía de numerosas familias.
El verdadero reto consiste en evitar que esta tradición se reduzca a un atractivo turístico de temporada. Si los artesanos son quienes mantienen viva la historia del alfeñique, también deben ocupar un lugar central en las decisiones relacionadas con su promoción, comercialización y preservación.
La difusión de sus antecedentes permite, además, comprender que la cultura no es estática: cambia, incorpora influencias y se transforma con las comunidades que la practican.
¿Que el alfeñique tenga raíces árabes y europeas le resta valor como tradición mexicana, o demuestra que Toluca supo convertir una herencia cultural en un símbolo propio? Y, más allá de visitar la feria y comprar una calavera, ¿qué estamos haciendo como sociedad para que las nuevas generaciones aprendan a elaborar estos dulces y reconozcan el trabajo de sus artesanos?
La respuesta puede encontrarse en la manera en que se valora a quienes, año tras año, transforman azúcar en pequeñas piezas de historia.
Notidex | Toluca y su historia: tradiciones que construyen identidad.







