Otra vez lo mismo… El PRI salió a las calles para “defender” a su dirigente Alejandro “Alito” Moreno, y lo que vimos fue un show barato lleno de acarreados en camiones, pancartas chafas y consignas huecas que ni ellos se creen. ¿De verdad todavía piensan que con esa pantomima convencen a alguien?
La escena fue de pena ajena. Un mini desfile rumbo al Senado, bloqueando Reforma como si fueran la gran fuerza política, cuando en realidad apenas juntaron unas cuantas filas medio desangeladas. Y ahí apareció Alito, con su pose de “bravucón de cantina”, gritando lo mismo de siempre: “no me doblo, no me rajo”. Ajá, sí, compa… ¿no será más bien que no sueltas la silla porque sin fuero se te acaba la fiesta?
El mitin chiquito reflejó un PRI chiquito. Lo que vimos fue cinismo puro: poca gente, mucha soberbia y un dirigente aferrado a un cascarón de partido que sobrevive gracias al acarreo. Es el mismo PRI de siempre: corrupto, autoritario y agarrado con uñas y dientes al presupuesto. ¿De qué sirve tanto discurso rimbombante si ni su propia gente le cree?
Y lo más ridículo… dicen que “defienden a México”, pero lo único que están cuidando es el pellejo de Alito, el priista más cuestionado de la historia reciente. En vez de mover masas, apenas mueven camiones llenos de acarreados resignados a ir por la torta y el refresco. ¿No sería más honesto aceptar que su tiempo ya pasó?
La neta, el PRI está en modo zombie. Un partido que alguna vez fue gigante, ahora no convoca ni a su sombra y todavía presume estas marchitas como si fueran gestas heroicas. Alito podrá repetir mil veces su show de “valiente”, pero al final todos sabemos que es puro teatro. ¿Cuánto más aguantará el PRI arrastrando a un dirigente que lo hunde cada vez más?