El Senado debería ser el corazón del debate político en México, pero lo que vimos el 27 de agosto fue un espectáculo más digno de la Arena México que de la Cámara alta. En plena sesión, Alejandro “Alito” Moreno decidió que era buena idea armar los empujones y los manotazos, como si el recinto legislativo fuera su ring personal. ¿En serio ese es el nivel de quienes dicen representarnos?
Porque ojo, aquí no estamos hablando de un simple arranque de coraje. Estamos hablando de un tipo que, incapaz de sostener un argumento con altura, optó por soltar madrazos y hasta amenazar de muerte a Gerardo Fernández Noroña. Sí, leíste bien: un senador amenazando a otro con “te voy a matar”. ¿Así o más claro el tamaño del cinismo y la mediocridad?
Lo más cabrón de todo es que cada minuto en el Senado lo paga el pueblo. Y mientras la gente anda lidiando con la inseguridad, la inflación y el desempleo, a Alito se le ocurre que lo importante es ver quién empuja más fuerte. ¿Te imaginas lo indignante que es ver a quienes aplauden estas escenas, como si fueran parte de un show de circo? ¿Qué sigue, cobrar boleto para ver las peleas?
Y no, no es la primera vez que Alito Moreno da cátedra de soberbia y falta de respeto. Este cuate se la vive entre escándalos, acusaciones y gritos, y ahora suma madrazos a su currículum. ¿Ese es el “líder” que se supone debe defender al pueblo? ¿De verdad alguien cree que con amenazas y patadas se construye un país?
El Senado no está para shows de barrio ni para protagonismos de egos inflados. Está para legislar, para debatir con seriedad y para dar soluciones. Que Alito haya convertido la Cámara en su ring personal es una bofetada directa a la ciudadanía que espera trabajo, no peleas. ¿No es hora de dejar de normalizar estas vergüenzas y exigir políticos que sepan usar la cabeza antes que los puños?