Aunque hoy Halloween se asocia con Estados Unidos, los disfraces y los dulces, sus raíces se relacionan con antiguas celebraciones celtas como Samhain, practicadas en Escocia, Irlanda y la Isla de Man. Conoce cómo surgieron algunas de las costumbres que todavía forman parte de esta festividad.
Notidex | Cultura y tradiciones
Cada 31 de octubre, las calles se llenan de calabazas iluminadas, disfraces de criaturas sobrenaturales y niños que recorren las casas en busca de dulces. Sin embargo, detrás de la imagen comercial de Halloween existe una historia mucho más antigua, vinculada con las tradiciones de los pueblos celtas de las islas británicas.
Escocia ocupa un lugar importante en ese legado cultural gracias a prácticas como el guising, que consistía en disfrazarse y entretener a otras personas a cambio de una recompensa, así como el uso de nabos tallados para crear faroles con rostros aterradores.
Pero ¿Halloween nació realmente en Escocia? La respuesta requiere distinguir entre sus raíces ancestrales, la evolución de sus costumbres y la expansión de la celebración moderna, que también recibió una importante influencia de Irlanda y Norteamérica.
Samhain: la antigua celebración celta que inspiró Halloween
Mucho antes de que Halloween se convirtiera en una fiesta internacional, diferentes comunidades celtas celebraban Samhain, una festividad que marcaba el final de la temporada de cosechas y el comienzo de la parte más oscura del año.
Esta tradición se practicaba en regiones como Escocia, Irlanda y la Isla de Man. Para estas sociedades, el cambio del otoño al invierno tenía una importancia especial: era el momento de recoger los frutos de la tierra, resguardar al ganado y preparar los alimentos para enfrentar los meses fríos.
La celebración también estaba rodeada de creencias espirituales. Según el folclore celta, durante Samhain la frontera entre el mundo humano y el sobrenatural podía volverse más permeable, lo que permitía el encuentro simbólico con espíritus, seres del otro mundo y antepasados fallecidos.
Algunas tradiciones contemplaban dejar alimentos o reservar un lugar junto al fuego para recibir a las almas familiares. Otras incluían hogueras comunitarias, alrededor de las cuales se reunían las personas para participar en rituales y celebraciones.
Estas prácticas no eran idénticas en todas las comunidades celtas y fueron cambiando con el paso del tiempo. Aun así, constituyen una parte fundamental del contexto histórico y cultural asociado con Halloween.
Disfraces, nabos y otras costumbres escocesas
Una de las tradiciones escocesas más relacionadas con el Halloween actual es el guising. Desde hace varios siglos, niños y jóvenes se disfrazaban y visitaban hogares durante esta fecha.
A diferencia de la costumbre contemporánea de pedir dulces sin más, en algunas versiones tradicionales los participantes debían cantar, recitar versos, contar historias o realizar alguna actuación para recibir alimentos u otras recompensas.
La práctica guarda semejanzas con el actual trick-or-treating, conocido en español como «truco o trato», aunque esta última costumbre adquirió su forma moderna principalmente en Norteamérica.
Otro elemento característico eran los faroles elaborados con nabos. Las personas ahuecaban estas hortalizas y tallaban expresiones amenazantes en su superficie; después colocaban una fuente de luz en su interior.
Estos objetos podían utilizarse durante los recorridos nocturnos y estaban asociados con las creencias populares sobre los seres sobrenaturales.
Con la llegada de estas tradiciones a Estados Unidos, la calabaza terminó por ocupar un lugar destacado. Su tamaño y su pulpa más sencilla de trabajar facilitaron la creación de las figuras iluminadas que hoy son uno de los símbolos más reconocibles de Halloween.
¿Cómo pasó Halloween de una tradición celta a una fiesta mundial?
La transformación de Halloween fue resultado de varios siglos de cambios religiosos, migraciones y adaptaciones culturales.
Con la expansión del cristianismo en las islas británicas, las celebraciones relacionadas con el final del otoño convivieron y se transformaron junto con las festividades cristianas dedicadas a los santos y los difuntos.
El 1 de noviembre quedó asociado con el Día de Todos los Santos, mientras que la víspera recibió el nombre de All Hallows’ Eve, expresión inglesa de la que evolucionó la palabra Halloween.
Posteriormente, durante el siglo XIX, numerosas familias irlandesas y escocesas emigraron a Norteamérica, en parte debido a dificultades económicas y crisis agrícolas. Con ellas viajaron costumbres, relatos y prácticas festivas que encontraron nuevas formas de expresión en sus lugares de destino.
En Estados Unidos, estas tradiciones se mezclaron con otras influencias hasta consolidar una celebración caracterizada por los disfraces, las decoraciones, las calabazas y la entrega de dulces.
Décadas después, el cine, la televisión, la publicidad y la industria del entretenimiento contribuyeron a que Halloween se difundiera por numerosos países, incluido México.
Por ello, aunque el mercado estadounidense ha sido determinante en la imagen contemporánea de la festividad, sus antecedentes culturales son mucho más antiguos y diversos.
El fuego celta sigue presente en Escocia
La herencia de estas celebraciones continúa presente en eventos contemporáneos. En Edimburgo, por ejemplo, el Samhuinn Fire Festival retoma elementos del imaginario celta mediante representaciones teatrales, música, percusiones, antorchas y espectáculos con fuego.
Estas actividades ofrecen una forma actual de acercarse a las tradiciones estacionales y al folclore de Escocia, aunque no deben confundirse con una reproducción exacta de los rituales practicados en la Antigüedad.
La permanencia de estas expresiones demuestra cómo las sociedades reinterpretan sus costumbres y las adaptan a nuevas generaciones, sin que necesariamente desaparezcan todos sus significados originales.
¿Halloween es una tradición cultural o un negocio?
Halloween es un ejemplo de cómo una celebración puede atravesar siglos, cambiar de continente y adquirir nuevos significados. Sus raíces celtas, las costumbres escocesas y la influencia de la migración ayudan a comprender que muchas tradiciones actuales son resultado de encuentros culturales, no de una sola sociedad.
Sin embargo, también es evidente que la versión contemporánea de Halloween está vinculada con el consumo: disfraces, dulces, adornos y películas se convierten cada año en productos de temporada.
Eso no significa que la celebración haya perdido todo su valor cultural. Para muchas familias, representa una oportunidad de convivencia, creatividad y diversión; para otras, es una ocasión para recuperar leyendas, conocer otras culturas o explorar el significado histórico de sus costumbres.
En México, donde Halloween convive con las celebraciones del Día de Muertos, también surge la oportunidad de conocer ambas tradiciones sin reducirlas a una competencia. Tienen historias y significados distintos, aunque las dos pueden abrir conversaciones sobre la memoria, la muerte y la manera en que las comunidades representan lo desconocido.
¿celebramos Halloween porque conocemos su historia y disfrutamos de sus tradiciones, o porque la publicidad y las redes sociales han convertido esta fecha en una costumbre de consumo?
Quizá el verdadero valor de estas celebraciones no esté únicamente en los disfraces o los dulces, sino en la posibilidad de conocer las historias que viajaron de generación en generación y comprender cómo se construye la cultura que compartimos hoy.







