Luis Miguel Ortega Flores recorre panteones de San Mateo Atenco

Panteón de San Mateo Atenco
Panteón de San Mateo Atenco

Tradición, pan de muerto y memoria que une generaciones

Notidex | San Mateo Atenco, Estado de México — 3 de noviembre de 2026

El vínculo con quienes nos precedieron no se rompe: se renueva cada año con cariño, presencia y tradición. Luis Miguel Ortega Flores vivió este sentimiento de manera profunda al recorrer los panteones de San Mateo Atenco, donde visitó la tumba de su abuela y compartió con las familias que acudían a honrar a sus seres queridos en estas fechas tan significativas.

Un recorrido entre recuerdos y abrazos que perduran

“Hay abrazos que seguimos extrañando y personas a las que nunca dejamos de querer”, expresó con emoción. La visita a su abuela le recordó que, aunque la presencia física ya no está, el deseo de un encuentro, de un saludo o de un abrazo, se mantiene vivo en el corazón.

Durante el recorrido, fue testigo de algo que lo conmovió profundamente: la comunidad entera reunida en los camposantos, adornando tumbas, limpiando, platicando y recordando. Familias enteras, desde los más pequeños hasta los mayores, compartían este momento sagrado, demostrando que la memoria no es cosa del pasado: se transmite de generación en generación.

Pan de muerto como símbolo de hermandad

Como gesto de cercanía y fraternidad, Luis Miguel Ortega Flores compartió pan de muerto con las personas que visitaban los panteones. Más que un alimento, este acto simbolizó la unión entre los vivos y quienes partieron: el deseo de seguir compartiendo, de mantener el lazo que nos une, de decirles a los nuestros: aún estás con nosotros.

Orgullo de pertenecer y herencia que cuidar

“Sentí orgullo de seguir perteneciendo a comunidades que mantienen viva la memoria”, señaló. Destacó que de los mayores heredamos no solo tradiciones, sino afectos, valores y un sentido profundo de pertenencia: honrar su memoria es también defender ese legado que ellos cuidaron con tanto esfuerzo, para que nuestros hijos y las generaciones venideras puedan valorarlo, amarlo y transmitirlo.

“Visitar a mi abuela siempre me hace desear un abrazo más”, confesó. Y dejó un mensaje para todos: estar presentes también es una forma de amar. No esperemos a otra fecha: hagamos tiempo para quienes queremos, acompañémonos, contemos sus historias y enseñemos a los más pequeños por qué estas tradiciones nos hacen únicos como pueblo.

La herencia de nuestros mayores no está solo en lo que dicen, sino en lo que hacen. En San Mateo Atenco, la mantienen viva con flores, con pan, con recuerdo y con el corazón.

¿A quién recuerdas con más cariño en estas fechas? ¿Qué tradición familiar te llena de orgullo y te gustaría que nunca se perdiera? Cuéntanos en los comentarios.

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