El nuevo reglamento para comerciantes contempla restricciones sobre la manera de promocionar productos, el uso de estufas y los horarios de funcionamiento. ¿El tradicional “llévele, llévele” está llegando a su fin?
Ciudad de México.- Para millones de usuarios, viajar en el Metro no solamente significa subir a un tren y llegar a destino. En sus pasillos, andenes y accesos también existe una actividad comercial que durante años se ha convertido en parte del paisaje cotidiano.
Los vendedores ambulantes y comerciantes han desarrollado una forma muy particular de ofrecer sus productos: caminar entre los usuarios, mostrar mercancías y, en algunos casos, utilizar frases y llamados en voz alta para atraer compradores.
Pero esa dinámica podría comenzar a cambiar.
El nuevo reglamento para comerciantes dentro de las instalaciones del Metro establece disposiciones que modifican algunas de las prácticas habituales de quienes venden productos y ofrecen servicios en estos espacios.
Y entre ellas destaca una que podría cambiar uno de los sonidos más característicos de las estaciones: ya no se podrá gritar para atraer clientes.
Adiós a los gritos para vender
Durante años, expresiones como “¡llévele, llévele!”, “¡barato, barato!” o llamados similares han formado parte de la actividad comercial en los alrededores y espacios relacionados con el transporte público.
La nueva regulación busca limitar esta práctica.
El objetivo es establecer un mayor orden dentro de las instalaciones y evitar que las actividades comerciales interfieran con la circulación, la tranquilidad y la operación del sistema.
Para los comerciantes, sin embargo, la medida puede representar un cambio importante en la manera en que consiguen clientes.
Si ya no pueden recurrir a los llamados en voz alta, tendrán que encontrar otras formas de mostrar sus productos y atraer compradores.
¿Será realmente posible vender dentro del Metro sin recurrir al tradicional grito de “llévele, llévele”?
También hay restricciones para estufas y preparación de alimentos
Las modificaciones no se limitan al ruido.
Otro de los puntos que adquiere relevancia es el relacionado con el uso de estufas y equipos para preparar alimentos dentro de los espacios comerciales.
Las restricciones buscan reducir riesgos asociados con fuego, gas, calor o instalaciones que puedan representar un peligro para usuarios, trabajadores y las propias instalaciones del Metro.
Esto podría afectar especialmente a comerciantes que ofrecen alimentos preparados y requieren algún tipo de equipo para cocinar o calentar sus productos.
La regulación plantea así un equilibrio complicado: permitir la actividad comercial, pero evitando que esta genere riesgos dentro de un sistema por el que diariamente transitan miles de personas.
Cambian los horarios para los locales
Otro aspecto que deberán considerar los comerciantes son los horarios de funcionamiento.
Las nuevas disposiciones establecen reglas para determinar cuándo pueden operar determinados establecimientos dentro de las instalaciones, con la intención de ordenar las actividades comerciales y evitar que permanezcan abiertas fuera de los periodos permitidos.
Esto significa que no solamente cambiaría la forma de vender, sino también cuándo pueden hacerlo.
Para algunos comerciantes, modificar horarios podría representar un impacto directo en sus ingresos, especialmente si sus ventas dependen de los momentos de mayor afluencia de pasajeros.
¿Qué busca el nuevo reglamento?
Más allá de prohibir determinadas prácticas, la regulación responde a una necesidad de ordenar una actividad que durante años ha convivido con el funcionamiento cotidiano del Metro.
Las autoridades buscan establecer límites claros para los comerciantes y determinar qué actividades pueden realizarse dentro de las instalaciones.
El argumento central es que la actividad comercial no debe comprometer la seguridad, movilidad y funcionamiento del sistema de transporte.
Pero el debate no termina ahí.
El Metro también es un espacio público donde miles de personas desarrollan actividades cotidianas y donde el comercio informal y establecido forma parte de la economía de muchas familias.
Por eso, cualquier modificación en las reglas puede generar opiniones encontradas.
¿Orden o pérdida de una tradición?
Para algunos usuarios, reducir los gritos puede significar un viaje más tranquilo.
Para otros, la desaparición de los llamados de los vendedores sería otro cambio en la identidad cotidiana del Metro.
Lo mismo ocurre con los puestos de comida y otros comercios.
¿Estas reglas ayudarán a tener instalaciones más ordenadas y seguras o terminarán eliminando parte de la actividad comercial que durante años ha acompañado a los usuarios?
También queda una pregunta para los propios comerciantes: si ya no pueden gritar para llamar la atención, ¿qué estrategias utilizarán para convencer a los pasajeros de comprarles?
El cambio puede parecer pequeño, pero para quienes dependen diariamente de las ventas representa una modificación importante en su forma de trabajar.
El Metro que conocemos podría estar cambiando
El Metro ha cambiado constantemente desde su inauguración. Nuevas estaciones, sistemas de seguridad, tecnología, modificaciones en los accesos y diferentes políticas han transformado la experiencia de los usuarios.
Ahora, la actividad comercial también entra en una nueva etapa.
El tradicional “llévele, llévele”, los puestos de comida y los horarios de los establecimientos deberán adaptarse a un conjunto de reglas más específicas.
La pregunta será si comerciantes y autoridades lograrán encontrar un punto medio entre ordenar los espacios públicos y mantener oportunidades económicas para quienes viven de estas actividades.
Por ahora, una cosa parece clara: para quienes estaban acostumbrados a escuchar a los vendedores anunciar sus productos a todo pulmón, el Metro podría comenzar a sonar diferente.
¿Tú crees que el Metro será mejor sin los gritos de los vendedores o extrañarías el tradicional “llévele, llévele”?







