Las sanciones alcanzaron a servidores públicos de 19 dependencias federales e incluyen destituciones, inhabilitaciones de hasta una década y multas millonarias por presuntas irregularidades en el ejercicio de sus funciones.
Ciudad de México.— La Secretaría Anticorrupción y Buen Gobierno (SABG) informó sobre una nueva serie de sanciones administrativas contra 55 servidores públicos y una empresa, derivadas de irregularidades detectadas en 19 dependencias de la Administración Pública Federal.
En conjunto, los procedimientos derivaron en multas que alcanzan aproximadamente 102 millones de pesos, además de destituciones e inhabilitaciones para ocupar cargos públicos.
Entre los casos considerados de mayor gravedad se encuentran 13 funcionarios que fueron destituidos e inhabilitados durante 10 años por el Tribunal Federal de Justicia Administrativa, después de que se acreditaran infracciones administrativas graves.
La información coloca nuevamente bajo la lupa los mecanismos utilizados por el Gobierno federal para detectar y sancionar conductas irregulares dentro de las instituciones públicas.
Pemex, CFE e IMSS concentran algunos de los casos
Entre los expedientes dados a conocer aparecen servidores públicos de Petróleos Mexicanos (Pemex).
En la empresa petrolera fueron documentados cinco casos y tres trabajadores recibieron inhabilitaciones por una década, acompañadas de multas individuales de 677 mil, 616 mil y 600 mil pesos.
Los expedientes están relacionados con diferentes conductas, entre ellas el cobro irregular de combustible, la conservación de registros vehiculares para continuar obteniendo prestaciones y presuntas contrataciones simuladas destinadas a conseguir beneficios económicos.
En la Comisión Federal de Electricidad (CFE) también se determinó una sanción de 10 años de inhabilitación contra un funcionario, además de una multa de 72 mil pesos.
El expediente señala que habría solicitado 500 pesos a usuarios de Álamos, Sonora, a cambio de no reportar irregularidades relacionadas con el consumo de electricidad.
El caso resulta particularmente relevante porque involucra una posible utilización de una función pública para obtener un beneficio económico directo de ciudadanos.
En el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), dos trabajadoras fueron sancionadas con 10 años de inhabilitación y multas conjuntas por 10.1 millones de pesos.
De acuerdo con el expediente referido por la Secretaría, las irregularidades estuvieron relacionadas con la modificación de precios de tóner y el favorecimiento de una empresa en un proceso contractual.
Alimentación para el Bienestar enfrenta multas por 90 millones de pesos
Uno de los montos más elevados aparece en Alimentación para el Bienestar, donde tres funcionarios acumularon sanciones económicas por aproximadamente 90 millones de pesos.
El caso está relacionado con reportes de compras de productos alimentarios que, de acuerdo con las investigaciones administrativas, no habrían sido entregados.
La magnitud de la sanción contrasta con el valor simbólico y social de los programas destinados a garantizar el abasto de alimentos, por lo que el seguimiento de estos expedientes será relevante para conocer si las multas finalmente son cobradas y si los recursos públicos involucrados pueden ser recuperados.
También se reportaron sanciones en otras instituciones.
En el Banco del Bienestar se establecieron castigos económicos por alrededor de 214 mil pesos, mientras que en Aeropuertos y Servicios Auxiliares (ASA) y Financiera para el Bienestar se identificaron casos relacionados, respectivamente, con ausencias laborales y presunto uso indebido de recursos.
¿Qué significan las sanciones para los servidores públicos?
Las inhabilitaciones representan una de las medidas administrativas más relevantes, ya que impiden a las personas sancionadas ocupar determinados cargos públicos durante el periodo establecido.
En los casos más graves mencionados por la Secretaría, el periodo llega hasta 10 años.
Sin embargo, una sanción administrativa no debe analizarse únicamente por el monto de la multa o los años de inhabilitación. También es importante conocer si las resoluciones quedan firmes, si existen medios de defensa, si las personas sancionadas impugnan las determinaciones y, sobre todo, si el dinero involucrado puede recuperarse para las arcas públicas.
El combate a la corrupción no termina cuando se anuncia una sanción. Una parte fundamental consiste en que las resoluciones puedan ejecutarse y que las instituciones aprendan de las irregularidades detectadas para evitar que vuelvan a repetirse.
¿Basta con sancionar?
Que 55 servidores públicos y una empresa enfrenten sanciones demuestra que existen mecanismos de vigilancia y responsabilidades administrativas dentro del Gobierno federal.
Pero también plantea una pregunta incómoda: ¿cuánto dinero público se pierde antes de que una irregularidad sea detectada?
Una multa millonaria puede llamar la atención, pero para la ciudadanía el resultado verdaderamente importante debería ser saber si el dinero se recupera, si los bienes o contratos afectados son corregidos y si quienes fueron responsables quedan efectivamente impedidos para repetir esas conductas.
También es necesario distinguir entre una sanción anunciada y una resolución definitiva. La transparencia exige conocer el estado de cada procedimiento y evitar que las cifras de multas se conviertan solamente en estadísticas.
El combate a la corrupción debería medirse no sólo por cuántos funcionarios son sancionados, sino por cuánto recurso público se recupera y cuántas irregularidades dejan de repetirse.
La pregunta para el lector es directa: ¿qué sería más importante para recuperar la confianza ciudadana: imponer sanciones más severas o garantizar que cada peso involucrado en una irregularidad sea recuperado y que los controles institucionales impidan que vuelva a ocurrir?
Porque una sanción puede cerrar un expediente, pero la verdadera rendición de cuentas comienza cuando la sociedad puede comprobar qué pasó con el dinero y qué cambió después del castigo.







