Estado de México — 4 de noviembre de 2026 — En el marco del foro conferencia “Entre Pozos”, la vocera y activista Xochil Zagal expuso de forma clara y contundente los riesgos profundos que conlleva la extracción de hidrocarburos mediante fractura hidráulica, conocida como fracking. Lejos de ser una solución energética, describió esta práctica como una amenaza directa al agua, a la salud pública, a la estabilidad climática y a la economía de las comunidades.
¿Qué es el fracking y por qué se expande?
La técnica busca extraer gas y petróleo atrapados en formaciones rocosas de lutitas, a profundidades de entre mil y cinco mil metros, donde la permeabilidad es muy baja para que los hidrocarburos fluyan solos. El proceso consiste en perforar un pozo vertical y luego ramificarlo de forma horizontal para inyectar a alta presión una mezcla de agua, arena y cientos de sustancias químicas que fracturan la roca.
El problema estructural: la producción de cada pozo declina muy rápido, por lo que es necesario perforar cada vez más. Esto expande la huella sobre el territorio, ocupando grandes extensiones de tierra cerca de comunidades, zonas agrícolas y fuentes de agua.
Impactos que no se pueden ocultar
Zagal detalló consecuencias documentadas que ya se viven en regiones donde se practica:
El agua en juego
Cada pozo consume entre 9 y 29 millones de litros de agua. A escala masiva, esto equivale al consumo de millones de personas al año. En estados como Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas, donde ya hay actividad, la disponibilidad hídrica es limitada y el estrés hídrico es alto. El agua que regresa a la superficie está contaminada con metales pesados, sustancias radioactivas y compuestos tóxicos que ningún tratamiento logra eliminar por completo. Los sistemas de almacenamiento y re-inyección presentan filtraciones que han dañado acuíferos en otras partes del mundo.
Salud en riesgo
De los productos usados en la perforación:
- 25% pueden causar cáncer y mutaciones
- 37% afectan el sistema endocrino
- 40% provocan alergias
- 50% dañan el sistema nervioso
Las personas que viven cerca de los pozos tienen mayor exposición a metano y sustancias cancerígenas en el agua potable, así como un aumento del 66% en la probabilidad de padecer cáncer asociado a la contaminación atmosférica.
Acelera el cambio climático
El metano que se escapa durante la extracción de gas de lutitas es hasta 86 veces más potente que el CO₂ en el corto plazo. Las fugas pueden alcanzar el 8% de la producción, superando con creces las del gas convencional. Lejos de ser un “combustible de transición”, profundiza la dependencia de los fósiles y retrasa la transición hacia energías limpias.
Sismos provocados por el ser humano
La inyección de aguas residuales contaminadas en pozos profundos ha reactivado fallas geológicas en zonas que antes no registraban sismos de relevancia. En lugares como Oklahoma y Ohio, temblores de magnitud superior a 5 grados se han vuelto frecuentes, coincidiendo con los sitios de inyección.
Incompatible con la vida y la economía local
La actividad intensa deteriora carreteras, desplaza a la agricultura y la ganadería, aleja el turismo y afecta la tranquilidad y calidad de vida de las comunidades.
Una apuesta que no rinde cuentas
La industria misma reconoce que 8 de cada 10 pozos no son económicamente viables a largo plazo. La recuperación de gas apenas llega al 4.7%–10% del recurso, frente al 75%–80% de los yacimientos convencionales. Por cada unidad de energía invertida, el fracking entrega solo 5, cuando los proyectos tradicionales entregaban 20. Los costos de perforación —entre 20 y 25 millones de dólares por pozo en México— dejan ganancias en manos de unos pocos, mientras la población paga los costos ambientales y de salud.
Lo que se exige al Estado mexicano
Frente a este panorama, la postura de la sociedad civil representada en el foro es clara:
- Prohibir el fracking en todo el país aplicando el principio precautorio, como han hecho Francia, Bulgaria y el estado de Nueva York, entre otros.
- Respetar los derechos de pueblos indígenas y campesinos sobre sus tierras, territorios y recursos naturales, con consulta previa e informada.
- Garantizar el derecho humano al agua, protegido por la Constitución y por organismos internacionales, sin permitir actividades que la pongan en riesgo.
- Defender el derecho a un medio ambiente sano como base de la salud y el bienestar de la población.
- Impulsar con determinación las energías renovables, reorientando recursos hacia la eficiencia energética y modelos sostenibles, en lugar de mantener la dependencia de combustibles fósiles.
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Xochil Zagal concluyó recordando que el momento de actuar es ahora. El fracking no es progreso: es una carga pesada que hipoteca el agua, la salud y el clima de las generaciones venideras. La verdadera transición energética pasa por dejar el petróleo y el gas en el subsuelo y apostar por fuentes limpias, justas y al alcance de la gente. ¿Seguiremos abriendo más pozos o cerraremos el camino hacia un futuro sostenible?







