En el entorno digital actual, una identidad visual no puede limitarse a verse bien en un solo formato. Debe vivir, adaptarse y mantenerse coherente en múltiples pantallas, plataformas y contextos. Para Carlos Prats García, adaptar una identidad visual al mundo digital es un ejercicio estratégico que combina claridad conceptual, sensibilidad gráfica y comprensión del comportamiento del usuario.
Identidad como sistema, no como pieza fija
Carlos Prats García parte de una premisa clave: una identidad visual digital debe pensarse como un sistema flexible, no como un conjunto rígido de elementos.
Logotipo, tipografía, color y estilo gráfico se diseñan para funcionar juntos, pero también para ajustarse a distintos tamaños, resoluciones y plataformas sin perder personalidad.
Este enfoque evita identidades frágiles que se rompen fuera de su formato ideal y permite que la marca mantenga coherencia en sitios web, redes sociales, aplicaciones y entornos editoriales digitales.
Priorizar legibilidad y claridad en pantalla
Una de las principales adaptaciones que Carlos realiza al trasladar una identidad al entorno digital es la optimización para la lectura en pantalla.
Tipografías con buena legibilidad, contrastes adecuados y jerarquías claras son esenciales. En su proceso, la estética nunca compromete la claridad: si no se entiende, no funciona.
Esta atención al detalle asegura que la identidad se perciba con la misma fuerza tanto en un monitor grande como en un dispositivo móvil.
Diseñar para la atención limitada
Carlos Prats García entiende que la atención digital es breve y fragmentada. Por eso adapta la identidad visual para comunicar rápido y con intención.
Simplifica formas, depura composiciones y elimina elementos innecesarios para que el mensaje principal destaque. Esta síntesis visual no empobrece la identidad; al contrario, la vuelve más reconocible y efectiva en contextos digitales saturados.
Coherencia visual entre plataformas
Uno de los retos más complejos del diseño digital es mantener consistencia entre plataformas con lógicas distintas. Carlos aborda este reto definiendo reglas claras de uso visual:
cómo se comporta el logotipo, cómo se usan los colores, qué tono tienen las imágenes y cómo se estructura el contenido.
Estas reglas permiten que la identidad se sienta unificada, aunque cambie el formato. El usuario reconoce la marca sin esfuerzo, incluso cuando la experiencia es fragmentada.
Traducir la identidad, no copiarla
En su metodología, adaptar no significa replicar. Carlos Prats García no traslada una identidad gráfica tradicional de forma literal al entorno digital; la traduce.
Interpreta su esencia y la ajusta a las dinámicas de interacción, navegación y consumo visual propias de lo digital. Esta traducción respeta la identidad original, pero la hace funcional y contemporánea.
Identidades digitales pensadas para evolucionar
Finalmente, Carlos diseña identidades visuales digitales con visión a largo plazo. Entiende que las plataformas cambian y que la identidad debe poder crecer sin perder coherencia.
Por eso apuesta por sistemas claros, escalables y bien definidos, capaces de adaptarse a nuevas tecnologías sin necesidad de reinventarse por completo.







