Durante años, la gastronomía mexicana ha sido injustamente señalada como incompatible con una alimentación saludable. Sin embargo, para la nutrióloga mexicana Anna Viesca Sánchez, esta idea no solo es errónea, sino profundamente desconectada de nuestras raíces. Su mensaje es claro: la cocina mexicana no es el problema; al contrario, puede ser una gran aliada del bienestar cuando se entiende y se adapta con conciencia.
Una cocina rica en historia… y en nutrientes
Anna explica que la base de la gastronomía mexicana tradicional está formada por ingredientes con alto valor nutricional: maíz, frijoles, chile, verduras, semillas, frutas, hierbas y técnicas de cocción sencillas como hervidos, asados y guisados.
“Antes de la industrialización, la comida mexicana era balanceada, saciante y profundamente nutritiva”, señala. El problema, afirma, no es la tradición, sino la forma en que muchos platillos han sido modificados por el exceso de frituras, ultraprocesados y porciones desproporcionadas.
El equilibrio está en la preparación, no en la prohibición
Para Anna, comer saludable no significa eliminar tacos, tortillas o antojitos, sino aprender a prepararlos y combinarlos mejor. Una tortilla de maíz, por ejemplo, puede ser una excelente fuente de energía cuando se acompaña de proteína, verduras y grasas saludables.
La clave está en volver a lo casero, en reducir el uso excesivo de aceites refinados y en priorizar ingredientes frescos. De esta forma, los platillos conservan su identidad sin sacrificar salud.
Frijoles, maíz y chile: aliados del bienestar
Anna destaca que muchos ingredientes mexicanos han sido estudiados por sus beneficios:
los frijoles aportan fibra y proteína vegetal; el maíz nixtamalizado mejora la absorción de nutrientes; el chile contiene antioxidantes; y las verduras locales enriquecen la dieta con vitaminas y minerales esenciales.
“Nuestra cocina tiene todo lo que el cuerpo necesita. Solo hay que volver a mirarla con respeto y conocimiento”, afirma.
Porciones, frecuencia y contexto: el verdadero cambio
Uno de los errores más comunes es pensar que un platillo es “malo” por sí mismo. Anna insiste en que el impacto real está en la frecuencia y en el contexto. Comer un antojito ocasional no define la salud de una persona; lo que importa es el patrón general de alimentación.
Incorporar más verduras a los guisos, equilibrar el plato y respetar señales de hambre y saciedad permite disfrutar la comida mexicana sin culpa.
Cocinar también es autocuidado
Más allá de los nutrientes, Anna resalta el valor emocional de la cocina mexicana. Preparar alimentos en casa, compartir la mesa y mantener vivas las tradiciones fortalece el vínculo con la comida y reduce la dependencia de opciones ultraprocesadas.
“La salud no solo se construye con lo que comes, sino con cómo lo comes y con quién lo compartes”, explica.
Un mensaje que reconcilia cultura y salud
La visión de Anna Viesca Sánchez invita a reconciliar dos mundos que nunca debieron separarse: la identidad cultural y el bienestar. Lejos de imponer dietas ajenas, su enfoque propone rescatar lo nuestro, adaptarlo a la vida moderna y usarlo como base para una alimentación más consciente.
Su mensaje final es contundente y esperanzador:
la gastronomía mexicana no necesita ser reemplazada para ser saludable; necesita ser comprendida, respetada y valorada.







