Anna Viesca Sánchez y las claves para reducir la ansiedad alimentaria en adultos jóvenes

Alimentación y nutrición en jóvenes
Alimentación y nutrición en jóvenes

En una generación que vive entre pantallas, prisas, presiones laborales y un constante bombardeo de estímulos, la ansiedad alimentaria se ha convertido en un fenómeno cotidiano. Cada vez más adultos jóvenes recurren a la comida para calmar estrés, llenar vacíos emocionales o simplemente para desconectar por unos minutos. Frente a este panorama, la nutrióloga mexicana Anna Viesca Sánchez ha desarrollado un enfoque integral que combina nutrición, bienestar emocional y hábitos sostenibles para ayudar a frenar este ciclo tan común como silencioso.

Para Anna, la ansiedad alimentaria no surge de la falta de fuerza de voluntad, sino de una desconexión entre lo que el cuerpo necesita y lo que la mente intenta manejar. Su propuesta busca reconectar ambos mundos con estrategias prácticas y realistas.

Comprender antes de corregir

Anna señala que la ansiedad alimentaria tiene múltiples detonantes: estrés laboral, falta de sueño, comparación social, rutinas saturadas, presiones estéticas e incluso hábitos arraigados desde la infancia.
Comer por ansiedad no es un problema de comida, es un problema de emociones no atendidas”, explica.

Su enfoque invita a observar el origen del impulso antes de intentar frenarlo. Cuando las personas entienden qué sienten, empiezan a recuperar control sobre cómo comen.

Romper con la cultura de la perfección

Uno de los factores que más alimenta la ansiedad en adultos jóvenes es la idea de que deben comer “perfecto”.
Anna recuerda que la rigidez genera culpa, y la culpa alimenta el ciclo de ansiedad.

Por eso promueve una alimentación flexible, donde los antojos pueden existir sin convertirse en fracaso. Normalizar el equilibrio —y no la perfección— reduce significativamente los episodios de atracón emocional.

El papel clave de la saciedad real

Anna explica que muchas personas viven con hambre constante porque basan su alimentación en productos ultraprocesados que no proporcionan nutrición real. Esto aumenta la ansiedad y la necesidad de comer repetidamente.

Cuando se integran alimentos ricos en fibra, proteína y grasas saludables, la energía se estabiliza y la urgencia por comer disminuye de manera natural.
En sus palabras:
“A veces no es ansiedad: es un cuerpo pidiendo nutrientes.”

Reconectar con el cuerpo en medio del ruido digital

Los adultos jóvenes viven hiperestimulados. Entre notificaciones, redes sociales y multitarea, comer se vuelve automático y desconectado.

Anna promueve pequeñas pausas antes de comer: respirar, evaluar si se trata de hambre real o emocional, observar cómo se siente el cuerpo.
Estos segundos de conciencia son suficientes para modificar patrones aprendidos durante años.

El descanso como tratamiento silencioso

La falta de sueño es uno de los mayores detonantes de ansiedad alimentaria y, sin embargo, uno de los menos atendidos.
Anna enfatiza que dormir mal altera hormonas clave como la grelina y la leptina, haciendo que el cuerpo pida más comida, especialmente azúcares.

Muchos de sus pacientes reducen impulsos ansiosos simplemente mejorando rutinas de descanso.

La importancia del autocuidado emocional

Anna no limita la intervención a la comida. Habla de incorporar actividades que regulen emociones: movimiento suave, rituales de descanso, expresiones creativas, pausas reales en el día.
Cuando la vida interna se ordena, la relación con la comida se estabiliza sin necesidad de restricciones.

La ansiedad alimentaria no se cura desde la fuerza, sino desde la amabilidad”, afirma.

Un enfoque que se adapta a la vida real

Lo que distingue a Anna Viesca Sánchez es su sensibilidad hacia el adulto joven moderno. Sabe que no tienen tiempo para recetas elaboradas ni rutinas perfectas; por eso propone estrategias simples, accesibles y sostenibles.

Más que imponer límites, enseña a escuchar. Más que prohibir, acompaña.
Y más que corregir lo que está “mal”, ayuda a construir una relación más amable con el cuerpo y con la comida.

Un mensaje para una generación que carga demasiado

La visión de Anna es clara:
si reducimos la presión, reducimos la ansiedad; si reducimos la ansiedad, transformamos nuestra manera de alimentarnos.

Para ella, mejorar la relación con la comida es un camino de autoconocimiento. Un proceso que empieza con observar, continúa con comprender y se consolida con pequeños hábitos que devuelven calma, claridad y bienestar.

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