Por Camilo Cerqueda.
Salir con tiempo y aun así llegar tarde. Esa es una de las consecuencias del tráfico que necesitamos discutir en Xonacatlán. Quienes manejan pierden tiempo y combustible; quienes usan transporte público enfrentan esperas y recorridos más largos; y quienes caminan deben encontrar cómo cruzar entre vehículos y maniobras.
¿Qué está complicando el paso? Hay que revisar dónde afectan los vehículos mal estacionados, las paradas improvisadas y los cruces que se saturan, pero también dónde la infraestructura resulta insuficiente. Cuando estos problemas coinciden, trasladarse se vuelve más lento y peligroso.
Una unidad que se detiene en un lugar inadecuado puede bloquear la circulación y obligar al pasajero a bajar entre vehículos. Una banqueta ocupada o en malas condiciones empuja al peatón hacia la calle. Para una persona mayor o alguien que lleva niños, desplazarse se vuelve todavía más difícil.
Para mejorar, hace falta identificar dónde se forman las filas y qué las provoca. Ese diagnóstico debe servir para definir tanto los cambios de operación como las obras necesarias: mejorar cruces, rehabilitar calles y banquetas o adecuar puntos de ascenso y descenso del transporte.
La infraestructura es una parte importante de la solución. Hay problemas que requieren intervenir físicamente las vialidades para mejorar su capacidad, conectividad y seguridad. Las obras deben responder a necesidades concretas y considerar sus efectos en las calles cercanas.
Al mismo tiempo, se necesita ordenar las paradas, evitar el estacionamiento que obstruye el paso y coordinar a las autoridades correspondientes. Una vialidad mejorada puede volver a saturarse si persisten los mismos obstáculos.
Xona necesita un plan que combine obra, orden y seguimiento, con prioridades y plazos claros. Sus resultados deben verse en algo concreto: traslados más ágiles y mayor seguridad para automovilistas, pasajeros y peatones.








