El aumento de las temperaturas no solo impacta al medio ambiente, también influye en el estado emocional de las personas. De acuerdo con la Red de Agua de la Universidad Nacional Autónoma de México (RAUNAM), el fenómeno conocido como emociones climáticas está cobrando relevancia ante el incremento de olas de calor y eventos extremos derivados del cambio climático.
Las emociones climáticas son reacciones psicológicas que surgen frente a la percepción del deterioro ambiental. La preocupación por la crisis ecológica, la pérdida de biodiversidad, la escasez de agua y los desastres naturales puede detonar sentimientos como:
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Ansiedad
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Estrés
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Tristeza
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Enojo
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Culpa
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Sensación de impotencia
Según especialistas de la RAUNAM, estas respuestas emocionales se intensifican cuando las personas experimentan directamente temperaturas extremas o fenómenos como sequías e incendios forestales.
Las altas temperaturas registradas en diversas regiones del país, como el Valle de Toluca y el norte de México, no solo representan un riesgo físico, sino también psicológico. El calor prolongado puede alterar el estado de ánimo, aumentar la irritabilidad y reducir la tolerancia al estrés.
Además, la constante exposición a noticias sobre la crisis ambiental puede generar una sensación de desesperanza o falta de control, especialmente cuando las personas sienten que no cuentan con herramientas suficientes para enfrentar el problema.
La degradación ambiental como la deforestación, la contaminación y la pérdida de ecosistemas puede provocar un sentimiento colectivo de responsabilidad e incluso culpa. Sin embargo, expertos señalan que estas emociones también pueden convertirse en un motor de cambio.
Cuando se canalizan adecuadamente, pueden impulsar a la sociedad a:
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Adoptar hábitos sostenibles
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Informarse en fuentes confiables
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Participar en iniciativas comunitarias
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Exigir políticas públicas ambientales
La Universidad Nacional Autónoma de México recomienda algunas acciones para afrontar estas emociones de forma saludable:
1. Reconocer lo que se siente
Aceptar la ansiedad o preocupación como una respuesta natural ante la crisis ambiental ayuda a evitar la negación o el bloqueo emocional.
2. Dialogar con personas de confianza
Hablar del tema con familiares, amistades o especialistas permite compartir perspectivas y encontrar soluciones colectivas.
3. Informarse con fuentes confiables
Evitar la desinformación es clave para no caer en alarmismo o pánico innecesario.
4. Participar en proyectos comunitarios
Involucrarse en acciones locales fortalece el sentido de pertenencia y transforma la preocupación en acción concreta.
En los últimos años, México ha registrado olas de calor cada vez más intensas, con temperaturas que en algunas regiones superan los 40 grados centígrados. Este escenario no solo representa un desafío ambiental y sanitario, sino también emocional.
Las emociones climáticas reflejan que la crisis ambiental ya no es un tema lejano, sino una realidad cotidiana que impacta la vida de millones de personas.
En conclusión, el cambio climático no solo transforma el entorno natural, también modifica la forma en que las personas sienten y perciben su futuro. Reconocer las emociones climáticas es el primer paso para gestionarlas de manera responsable y convertir la preocupación en acciones que contribuyan a la conservación del planeta.







