Hay algo más preocupante que un gobierno desgastado: una oposición incapaz. Porque mientras en Metepec los espectaculares anuncian que “ya viene” alguien más del mismo círculo político, del otro lado no aparece absolutamente nadie. Y ese es el verdadero problema. No que el PAN se sienta con fuerza para pensar en una sucesión familiar o de grupo, sino que Morena lleva años esperando que sus adversarios se caigan solos porque no tiene perfiles capaces de levantarse por mérito propio. ¿De qué sirve una crisis política si no existe quien pueda convertirla en una alternativa creíble?
Lo más incómodo del asunto es que la oposición parece haber confundido el desgaste ajeno con construcción política. Durante días se habló del escándalo, de las consecuencias mediáticas y del golpe a la imagen del gobierno municipal. Pero mientras las redes ardían, Morena volvió a exhibir su principal debilidad: no tiene un rostro, una narrativa ni un liderazgo que inspire algo más que rechazo al adversario. Porque una cosa es señalar errores y otra muy distinta convencer a la gente de que existe algo mejor. ¿Cuántas elecciones más seguirán apostando a que el rival pierda en lugar de salir a ganar?
Lo verdaderamente absurdo es que cada vez que se busca un posible perfil competitivo dentro de la llamada Cuarta Transformación local, aparecen los mismos nombres de siempre y los mismos cuestionamientos de siempre. Unos cargan historias que nadie quiere recordar, otros parecen más cómodos negociando espacios que construyendo oposición y algunos simplemente no conectan con nadie fuera de sus pequeños círculos políticos. Y mientras tanto, el discurso sigue siendo que el cambio está cerca. ¿Cerca para quién exactamente?
Lo que estamos viendo es una de las grandes tragedias de la política en Metepec: partidos que ya no ganan porque enamoren al electorado, sino porque el contrario resulta menos presentable. En ese terreno, la competencia deja de tratarse de proyectos y se convierte en una simple medición de daños. El problema es que cuando una fuerza política carece de cuadros sólidos, termina dependiendo de los errores ajenos para sobrevivir. ¿Eso es una estrategia electoral o una confesión de incapacidad?
Y aquí aparece la parte más incómoda. Tal vez los espectaculares no reflejan fortaleza. Tal vez reflejan algo mucho peor: confianza. La confianza de saber que enfrente no existe nadie capaz de disputar seriamente el espacio político. Porque cuando una oposición luce desorganizada, sin liderazgo y sin rumbo, hasta los gobiernos golpeados se sienten con margen para planear el siguiente movimiento. Y entonces la pregunta deja de ser quién ya viene. La pregunta es mucho más dura: si Morena tuviera hoy la puerta abierta de par en par en Metepec, ¿realmente tendría a alguien listo para cruzarla?







