El segundo bombardeo estadounidense en la semana provocó víctimas civiles, mientras Teherán respondió con misiles y drones contra posiciones de Estados Unidos en varios países de la región. Trump advierte que habrá una ofensiva todavía mayor si Irán responde.
Washington/Teherán.— La confrontación entre Estados Unidos e Irán entró en una nueva fase de escalada luego de que fuerzas estadounidenses lanzaran una segunda ofensiva contra territorio iraní en el transcurso de esta semana.
Los ataques dejaron, de acuerdo con reportes iniciales, 11 personas muertas y al menos 76 heridas, mientras que Irán respondió con una serie de ataques contra instalaciones militares estadounidenses ubicadas en Jordania, Bahréin, Kuwait e Irak.
Uno de los episodios más graves ocurrió en Kuhestak, provincia de Hormozgan, donde un ataque impactó una zona en la que se celebraba una boda. La Media Luna Roja reportó cuatro personas fallecidas, entre ellas un menor, y alrededor de 68 lesionados.
La situación vuelve a colocar al estrecho de Ormuz en el centro de una crisis internacional que podría tener consecuencias mucho más allá de Medio Oriente.
¿Por qué Estados Unidos atacó nuevamente a Irán?
El Comando Central de Estados Unidos, conocido como Centcom, justificó la operación como una respuesta a presuntos intentos de agresión atribuidos a la Guardia Revolucionaria iraní.
Según Washington, las acciones de Teherán estuvieron relacionadas con embarcaciones comerciales que transitaban por el estrecho de Ormuz y con personal militar estadounidense desplegado en la región.
El presidente Donald Trump también aseguró que la ofensiva respondió a un supuesto intento iraní de colocar minas marítimas en el estrecho, así como al lanzamiento de ocho misiles contra una instalación militar estadounidense en Jordania.
Trump afirmó que los proyectiles fueron interceptados y advirtió que una nueva respuesta iraní provocaría un ataque todavía más fuerte.
La Casa Blanca sostiene así una postura de disuasión mediante la fuerza: si Irán golpea, Estados Unidos responderá con una ofensiva mayor.
El problema es que una estrategia basada en represalias sucesivas puede convertir rápidamente un enfrentamiento limitado en un conflicto regional de mayores dimensiones.
Trump dice que no necesita un acuerdo con Irán
La postura del mandatario estadounidense tampoco parece encaminada, por ahora, a una salida negociada.
Trump afirmó que no está interesado en obligar a Teherán a regresar a la mesa de negociaciones y aseguró que Estados Unidos mantiene una posición favorable debido a su control sobre el estrecho de Ormuz y al deterioro de la economía iraní.
El mensaje representa un cambio importante respecto de cualquier escenario de desescalada.
En lugar de utilizar los ataques como mecanismo para conseguir mejores condiciones de negociación, Washington parece plantear que la presión militar y económica puede ser suficiente para obligar a Irán a ceder.
Pero aquí surge una pregunta fundamental:
¿La presión militar realmente acerca una negociación o hace cada vez más difícil que las dos partes puedan sentarse a dialogar sin perder legitimidad frente a sus propias poblaciones?
Irán responde con misiles y drones
Teherán no tardó en responder.
La Guardia Revolucionaria iraní afirmó haber atacado posiciones estadounidenses en distintos puntos de Medio Oriente, incluyendo instalaciones en Jordania, Bahréin, Kuwait e Irak.
Entre los objetivos mencionados se encuentran un campamento de marines y la base aérea Príncipe Hassan, en Jordania; una instalación aérea en Bahréin; posiciones en Kuwait y objetivos estadounidenses ubicados en la provincia iraquí de Erbil.
El ejército kuwaití aseguró que sus sistemas de defensa aérea repelieron ataques con drones.
En Erbil, la Guardia Revolucionaria afirmó haber provocado daños en instalaciones de mantenimiento, almacenes y sistemas utilizados para vigilancia, además de reportar incendios en depósitos de combustible.
Irán también aseguró que varios militares estadounidenses murieron durante esos ataques.
Hasta el momento, esta última afirmación no había sido confirmada de manera independiente.
Esta diferencia es importante en medio de una guerra: tanto Washington como Teherán tienen incentivos para presentar sus propias operaciones como exitosas y minimizar las pérdidas sufridas.
Los ataques alcanzan varias ciudades iraníes
Los reportes procedentes de Irán señalaron explosiones en diferentes puntos del país.
Entre las localidades mencionadas se encuentran Asaluyeh, Jiroft, Bandar Abbas, Qeshm, Konarak, Chabahar, Jask, Kuhestak, Lavan y Minab, además de zonas de Sistán y Baluchistán y localidades cercanas a Ahvaz y Aghajari.
La diversidad geográfica de los lugares reportados muestra que la ofensiva no se limitó a un único objetivo militar.
Y eso vuelve particularmente preocupante el impacto sobre la población civil.
El episodio de Kuhestak es el ejemplo más contundente: un lugar donde se desarrollaba una celebración terminó convertido en escenario de muerte y destrucción.
Mojtaba Jamenei promete una respuesta contra Estados Unidos
El líder supremo iraní, Mojtaba Jamenei, reaccionó públicamente a los nuevos ataques y aseguró que las fuerzas armadas de su país tienen preparadas “lecciones inolvidables” para Estados Unidos.
La Guardia Revolucionaria también amenazó con un “severo castigo” contra los responsables de los bombardeos.
El portavoz de la cancillería iraní, Esmaeil Baghaei, señaló que Teherán respondería con firmeza al ataque registrado en Kuhestak.
El intercambio de amenazas deja poco espacio para el optimismo.
Cada nueva operación militar genera una respuesta y cada respuesta puede convertirse en argumento para una nueva ofensiva.
¿Hasta dónde puede escalar esta cadena antes de que alguno de los dos gobiernos pierda la capacidad de controlar el conflicto?
El estrecho de Ormuz, el punto que preocupa al mundo
Detrás de buena parte de esta crisis aparece un lugar estratégico: el estrecho de Ormuz.
Por esta vía marítima circula una parte fundamental del comercio mundial de petróleo y gas. Cualquier interrupción prolongada tendría efectos sobre los precios internacionales de la energía y podría impactar las cadenas de suministro de numerosos países.
Por eso los acontecimientos entre Washington y Teherán no son únicamente un asunto militar.
Una escalada en Ormuz podría sentirse en gasolineras, industrias, transporte y mercados financieros de países que están a miles de kilómetros del conflicto.
Los ministros de Finanzas del G-20, con excepción de China, hicieron un llamado para garantizar una navegación libre y segura en la zona.
La preocupación económica, por tanto, ya acompaña a la preocupación militar.
ONU pide detener la “locura” de la guerra
En medio de la escalada, el secretario general de la Organización de las Naciones Unidas, António Guterres, volvió a llamar a las partes a detener la violencia y buscar una salida diplomática.
Su mensaje llegó durante la cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghái celebrada en Biskek, Kirguistán.
La preocupación internacional es evidente: una confrontación directa entre Estados Unidos e Irán podría arrastrar a otros países debido a la presencia de bases militares estadounidenses en Medio Oriente y a las alianzas regionales de Teherán.
El riesgo no se limita, entonces, a dos gobiernos.
Puede convertirse en un conflicto con múltiples frentes.
Perú rompe relaciones con Irán
La crisis también comenzó a tener consecuencias diplomáticas.
Perú anunció la ruptura de relaciones con Irán después de cuestionar las acciones de Teherán y señalar restricciones al tránsito marítimo en el estrecho de Ormuz.
La decisión refleja cómo la confrontación militar empieza a dividir posiciones dentro de la comunidad internacional.
Mientras algunos gobiernos llaman a la negociación, otros endurecen su postura frente a Teherán.
¿Estamos ante una guerra regional?
La pregunta ya no parece exagerada.
Estados Unidos está atacando objetivos dentro de Irán. Irán está respondiendo contra instalaciones estadounidenses ubicadas en diferentes países. El estrecho de Ormuz enfrenta una situación de tensión extrema y las amenazas públicas entre ambos gobiernos continúan.
Todavía puede existir espacio para una negociación.
Pero cada nueva víctima civil, cada misil lanzado y cada amenaza de una ofensiva mayor reduce ese margen.
El caso de la boda en Kuhestak debería servir como recordatorio de una realidad que suele perderse entre mapas militares, comunicados oficiales y discursos presidenciales: las guerras no las viven únicamente los gobiernos que las ordenan; las sufren también personas que no decidieron participar en ellas.
Y mientras Washington habla de represalias y Teherán promete castigos, la pregunta para la comunidad internacional es inevitable:
¿Cuántas vidas más tendrán que perderse antes de que la diplomacia vuelva a ser una opción real?
La respuesta podría determinar no solamente el futuro de Irán y Estados Unidos, sino también la estabilidad económica y política de buena parte del mundo.







