Alfeñique, memoria y tradición en la Feria 2026

Alfeñique - Calaveritas de azucar
Alfeñique - Calaveritas de azucar

Toluca, Estado de México.— En Toluca, la muerte también se puede comprar, regalar y colocar sobre una mesa. Tiene forma de calavera, borrego, gallina, ataúd o pequeña canasta; está hecha de azúcar y, durante estas semanas, vuelve a ocupar los escaparates y las mesas de Los Portales.

La Feria y Festival Cultural del Alfeñique 2026 ya transforma el Centro Histórico de la capital mexiquense en uno de los principales escenarios del Día de Muertos. La edición de este año contempla más de mil 200 actividades, con conciertos, exposiciones, teatro, danza, talleres y propuestas para distintos públicos.

Pero detrás de los escenarios y de los grandes espectáculos existe una historia mucho más antigua: la de las familias que durante generaciones han aprendido a convertir azúcar en figuras que acompañan las ofrendas mexicanas.

La tradición tiene un antecedente documental que se remonta a 1630, cuando Francisco de la Rosa solicitó autorización para elaborar alfeñique en un taller ubicado en la entonces calle Real, actualmente avenida Independencia.

Son casi cuatro siglos de una práctica que sobrevivió a cambios económicos, sociales y culturales hasta convertirse en uno de los símbolos más reconocibles de Toluca.

De una pasta de azúcar a un símbolo de identidad

El alfeñique tiene raíces que llegaron a México desde España y una herencia árabe. Con el paso del tiempo, el dulce adquirió características propias y en Toluca encontró una expresión artesanal vinculada particularmente con las celebraciones de Día de Muertos.

Las figuras que hoy se observan en Los Portales no aparecen de manera espontánea. Detrás de cada pieza existe un conocimiento transmitido entre generaciones: preparar la pasta, encontrar la consistencia adecuada, moldear, dejar secar y finalmente decorar.

El Ayuntamiento de Toluca identifica barrios como El Cóporo, San Sebastián y Santa María de las Rosas entre los lugares donde se ha mantenido esta tradición artesanal.

La receta tradicional del alfeñique toluqueño utiliza azúcar glass, clara de huevo, limón y chaucle, un aglutinante empleado en la preparación de la pasta. Las calaveras de azúcar, por su parte, requieren otro procedimiento, pues la mezcla se calienta y posteriormente se vierte en moldes.

La aparente sencillez de una figura terminada esconde horas de trabajo y una experiencia que no puede adquirirse únicamente leyendo una receta.

La historia moderna de la feria también tiene sus propios capítulos. En 1969 se realizó el Primer Concurso de Alfeñique, con premiación y exhibición pública. A partir de entonces se fortaleció la presencia de los artesanos en Los Portales y, décadas después, la celebración se consolidó formalmente como Feria del Alfeñique.

En octubre de 2025 llegó otro reconocimiento: el Congreso del Estado de México declaró al alfeñique de Toluca Patrimonio Cultural Inmaterial del Estado de México, incluyendo sus distintas variedades y otras confituras tradicionales relacionadas con esta práctica.

El reconocimiento no solamente habla del pasado. También plantea una responsabilidad hacia el futuro: conservar el conocimiento, apoyar a quienes lo producen y conseguir que las nuevas generaciones quieran aprender el oficio.

Los Portales, el Panteón de La Soledad y una ciudad que recuerda

Durante octubre, Toluca cambia de ritmo.

En los Portales, los dulces tradicionales conviven con papel picado, visitantes, fotografías y familias que buscan las piezas que colocarán posteriormente en sus altares.

En otro punto de la ciudad, el Panteón General de La Soledad volverá a convertirse en escenario de los tradicionales recorridos nocturnos de leyendas. La edición 2026 contempla diez fechas: 9, 10, 11, 16, 17, 18, 23, 24, 25 y 30 de octubre. El acceso será gratuito y se entregarán hasta mil 200 boletos por jornada.

La relación entre ambos espacios resulta simbólica.

En el panteón, la memoria se cuenta mediante historias y personajes. En Los Portales, se moldea con azúcar. En las casas, finalmente, esa memoria termina alrededor de una fotografía, una vela, flores y los alimentos que alguna vez disfrutó una persona ausente.

El alfeñique es parte de ese recorrido.

Una calavera comprada en octubre puede terminar frente a la fotografía de un abuelo. Un borrego puede acompañar la ofrenda de alguien que tenía especial cariño por esos animales. Una pequeña figura puede convertirse en el pretexto para explicar a un niño quién fue una persona cuyo rostro quizá nunca conoció.

Así, el dulce deja de ser únicamente un producto comercial y se convierte en un objeto de memoria.

¿Qué habrá en la Feria del Alfeñique 2026?

La programación de este año incluye conciertos masivos en la explanada del Mercado Juárez, además de actividades culturales y familiares. Entre las presentaciones anunciadas se encuentran Caifanes, La Adictiva, Yuri, Los Ángeles Azules, 31 Minutos, Santa Fe Klan, El Haragán y Compañía, Liran’ Roll, El Trono de México, Alacranes Musical, La Sonora Santanera, El Malilla y Los Tigres del Norte.

La cartelera forma parte de una celebración que busca llevar el Día de Muertos a distintos puntos de la ciudad y no concentrarlo únicamente en los tradicionales puestos de dulces.

También se contemplan talleres, exposiciones, actividades artísticas y propuestas para niñas, niños y familias.

El Ayuntamiento ha anunciado además nuevas rutas del Alfeñique Bus y el Alfeñique Pass, como parte de las estrategias para facilitar los recorridos y promover establecimientos participantes.

La fiesta, sin embargo, tiene un desafío que va más allá de conseguir grandes afluencias.

Si la Feria del Alfeñique pretende preservar una tradición reconocida como patrimonio cultural, el protagonista tendría que seguir siendo el oficio que le dio nombre.

Porque los conciertos pueden terminar, los escenarios desmontarse y los visitantes regresar a casa. Pero mientras un artesano siga enseñando a otra generación cómo preparar la pasta y formar una pequeña calavera, la tradición seguirá viva.

Toluca ha conseguido convertir el alfeñique en una celebración que combina cultura, turismo, comercio, música y memoria. La pregunta importante es si ese crecimiento también beneficia de manera suficiente a quienes mantienen vivo el oficio.

El reconocimiento como Patrimonio Cultural Inmaterial del Estado de México representa un paso importante, pero también debería servir para preguntarnos qué ocurrirá dentro de 10, 20 o 50 años.

¿Habrá suficientes jóvenes interesados en aprender a elaborar alfeñique? ¿Los artesanos podrán vivir dignamente de su trabajo? ¿La tradición seguirá siendo el corazón de la feria o terminará convertida únicamente en el escenario de grandes espectáculos?

La respuesta no estará en los escenarios ni en los discursos.

Estará, como ha ocurrido durante siglos, en las manos de quien tome azúcar, la convierta en memoria y enseñe a alguien más a hacerlo.

Porque cuando octubre termine y los conciertos se apaguen, quizá lo único que realmente importe sea que en algún taller de Toluca todavía haya alguien aprendiendo a hacer un borreguito, una gallina o una calavera.

La próxima Feria del Alfeñique comienza mucho antes de octubre: comienza cuando una generación decide enseñarle a la siguiente cómo se hace.

¡Únete a nuestro grupo de WhatsApp y recibe GRATIS las noticias más importantes directo en tu celular!