Lerma, Estado de México. La falta de docentes, las carencias en laboratorios y la ausencia de un comedor subsidiado mantienen en conflicto a la comunidad estudiantil de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) Lerma, que decidió continuar con un paro por tiempo indefinido ante la falta de acuerdos que garanticen la atención de sus demandas.
Al 6 de noviembre, las cinco unidades de la UAM permanecían sin actividades académicas debido a las movilizaciones que comenzaron el 20 de octubre en Iztapalapa y posteriormente se extendieron a Xochimilco, Azcapotzalco, Cuajimalpa y Lerma.
El conflicto exhibe una problemática que va más allá de la suspensión de clases: estudiantes reclaman condiciones adecuadas para recibir educación, mientras la discusión sobre el gasto universitario abrió cuestionamientos sobre las prioridades de las autoridades.
Ocho demandas mantienen detenido el regreso a clases en UAM Lerma
La comunidad estudiantil de la unidad mexiquense entregó su pliego petitorio el 23 de octubre. Después de recibir una primera respuesta el día 27, inició una suspensión escalonada de actividades de 72 horas hábiles el 28 de octubre.
Sin embargo, las respuestas posteriores no consiguieron convencer a la asamblea estudiantil. Aunque la Rectoría de la unidad amplió su contestación el 3 de noviembre y sostuvo una reunión con los alumnos el día 4, la comunidad determinó mantener el paro indefinido.
Entre las ocho exigencias presentadas destacan:
- Un comedor subsidiado para la comunidad universitaria.
- Clases y certificaciones gratuitas de inglés.
- Equipamiento para laboratorios y talleres.
- Contratación de docentes para cubrir las necesidades académicas.
- Presupuesto para prácticas de campo.
- Actualización de los programas de estudio.
- Fortalecimiento de la vinculación profesional.
- Atención a los casos de violencia de género.
Las peticiones reflejan necesidades relacionadas directamente con la formación académica y las condiciones en las que los estudiantes desarrollan sus actividades.
La falta de profesores y equipo especializado, por ejemplo, puede afectar el aprendizaje práctico, mientras que la ausencia de recursos para prácticas de campo limita las oportunidades de complementar la preparación universitaria.
Cinco unidades de la UAM permanecen en paro
El movimiento estudiantil se extendió a las cinco unidades de la universidad, aunque cada comunidad mantiene sus propias exigencias y procesos de negociación.
En Iztapalapa, donde comenzó la protesta el 20 de octubre, los reclamos incluyen problemas en la biblioteca, sanitarios, comedor, espacios deportivos y transparencia presupuestal. Xochimilco se incorporó dos días después con un pliego de 15 puntos que contempla mejoras en laboratorios, cafetería y medidas contra la violencia de género.
Azcapotzalco suspendió actividades el 22 de octubre y presentó sus demandas el 2 de noviembre, mientras que Cuajimalpa decidió mantener un paro solidario y avanzar en la construcción de un pliego común con las demás unidades.
En Lerma, la falta de acuerdos después de las reuniones con las autoridades llevó a la asamblea a endurecer su postura y establecer una suspensión indefinida.
La ausencia de una fecha conjunta para regresar a clases mantiene la incertidumbre entre estudiantes que necesitan continuar con sus estudios y conocer cuándo se resolverán las exigencias planteadas.
Compra de seis autos eléctricos desata cuestionamientos por casi cinco millones de pesos
Uno de los aspectos que más controversia generó durante el conflicto fue la adquisición de seis vehículos eléctricos para dependencias adscritas a la Rectoría General, operación que representó un gasto cercano a los cinco millones de pesos.
El rector general, Gustavo Pacheco López, explicó el 5 de noviembre que la decisión se tomó después de evaluar las condiciones de seis automóviles que tenían más de cinco años de antigüedad o habían recorrido más de 125 mil kilómetros.
De acuerdo con su explicación, el análisis consideró gastos de combustible, mantenimiento, seguros, impuestos y aspectos ambientales para justificar la sustitución de las unidades.
Sin embargo, el propio rector reconoció que la compra ocurrió en un momento inoportuno, debido a las necesidades y reclamos que enfrenta la comunidad universitaria.
El 2 de noviembre, Rectoría General anunció que retiraría los seis vehículos de su flota, suspendería el acuerdo relacionado con los criterios de transición energética y revisaría las reglas de adquisición. Hasta el corte de la información, no se había confirmado que la venta de los automóviles ya estuviera concretada.
La polémica deja una pregunta inevitable: ¿cómo se justifican inversiones millonarias en vehículos mientras los estudiantes denuncian falta de docentes, laboratorios sin equipamiento y servicios universitarios deficientes?
Rectoría reconoce deficiencias en servicios e instalaciones
Durante sus declaraciones, Pacheco López también reconoció problemas de mantenimiento en sanitarios, falta de insumos, interrupciones en el servicio de comedor y deterioro de instalaciones deportivas.
Sobre la biblioteca de Iztapalapa, señaló que podía reabrir después de los trabajos de reforzamiento realizados entre 2024 y 2025 por las afectaciones del sismo de 2017.
Estas declaraciones evidencian que parte de las inconformidades estudiantiles se relacionan con necesidades que requieren atención institucional y recursos suficientes.
La universidad enfrenta ahora el desafío de demostrar que las respuestas a los pliegos petitorios se traducirán en compromisos verificables, con responsables, presupuestos y fechas de cumplimiento.
No basta con instalar mesas de diálogo o emitir comunicados si las comunidades universitarias no encuentran garantías de que sus condiciones académicas y de infraestructura mejorarán.
¿Es razonable que los estudiantes tengan que suspender clases para exigir laboratorios equipados, docentes y servicios básicos en una universidad pública? El conflicto de la UAM pone sobre la mesa la necesidad de revisar las prioridades presupuestales y garantizar que los recursos institucionales respondan primero a las necesidades de su comunidad.
Mientras no existan acuerdos que convenzan a las asambleas, el regreso a las aulas seguirá sin una fecha definida.







