Venta ilegal de vapeadores persiste en Toluca pese a prohibición

Vapeador - Cigarro electrónico
Vapeador - Cigarro electrónico

A pesar de que la venta de vapeadores y cigarros electrónicos está prohibida en México, en el Valle de Toluca estos dispositivos continúan circulando con facilidad. La falta de operativos, inspecciones y sanciones ha permitido que un mercado ilegal funcione sin mayores obstáculos, teniendo como principales consumidores a adolescentes y jóvenes.

Desde enero de este año, la legislación mexicana prohíbe de manera absoluta la fabricación, comercialización, importación y distribución de vapeadores. Sin embargo, en la práctica, estos productos siguen disponibles en tiendas de barrio, establecimientos informales, comercios de conveniencia e incluso en plataformas digitales.

Hasta el momento, no se han observado clausuras masivas, decomisos constantes ni sanciones públicas en la región del Valle de Toluca, lo que evidencia una brecha entre la ley y su aplicación. Esta ausencia de vigilancia ha normalizado la presencia de estos dispositivos, incluso frente a menores de edad.

El mercado ilegal de vapeadores ha encontrado en los adolescentes y jóvenes a su público más vulnerable. Factores como los sabores atractivos, el diseño moderno y los precios accesibles han impulsado su consumo, pese a los riesgos comprobados para la salud.

Estos dispositivos funcionan al calentar un líquido que generalmente contiene nicotina y saborizantes, produciendo un aerosol que se inhala. Aunque suelen promocionarse como una alternativa “menos dañina” al cigarro tradicional, especialistas en salud advierten que su capacidad adictiva es alta y sus efectos pueden ser severos, especialmente en edades tempranas.

Rafael Medina Ramírez, egresado de la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma del Estado de México, alertó que el vapeo expone a los usuarios a nicotina altamente adictiva, así como a metales pesados y sustancias potencialmente cancerígenas.

“Se trata de productos donde predominan los intereses comerciales. Las empresas se aprovechan de la escasa supervisión y colocan vapeadores en todos lados, incluso en plataformas digitales, ofreciendo una amplia variedad de sabores”, explicó.

El especialista señaló que el uso de estos dispositivos puede provocar enfermedades pulmonares, irritación de las vías respiratorias, aumento de la frecuencia cardiaca y disfunción sexual. En el caso de adolescentes, también se han documentado afectaciones en el desarrollo cerebral, la memoria y la capacidad de atención.

Datos de la Organización Mundial de la Salud indican que más de 100 millones de personas en el mundo utilizan cigarros electrónicos y productos emergentes de nicotina. De ese total, al menos 15 millones son adolescentes de entre 13 y 15 años.

En México, la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición revela que 17 por ciento de los adolescentes de 10 a 19 años ha probado el vapeo, mientras que 5 por ciento lo consume de manera habitual, con mayor incidencia en zonas urbanas como el Valle de Toluca.

La venta en línea ha intensificado el problema. A través de redes sociales y plataformas digitales, los vapeadores se ofrecen sin ningún tipo de verificación de edad, mediante publicidad engañosa y procesos de compra rápidos.

Los precios varían considerablemente: existen modelos desde 100 pesos, kits básicos entre 400 y 900 pesos, dispositivos avanzados que superan los mil pesos y equipos de alta gama que alcanzan los 3 mil 500 pesos, todo ello pese a la prohibición vigente.

La normativa mexicana contempla penas de hasta ocho años de prisión para quienes comercialicen vapeadores, además de prohibir cualquier tipo de publicidad. No obstante, la falta de inspecciones y sanciones efectivas mantiene abierto un mercado ilegal que expone a miles de menores de edad a riesgos significativos.

Mientras la prohibición permanece en el marco legal, la escasa vigilancia convierte a adolescentes y jóvenes en el sector más vulnerable de un negocio que opera a plena vista. La falta de aplicación de la ley no solo debilita el Estado de derecho, sino que contribuye a normalizar el consumo juvenil de productos nocivos, con consecuencias a largo plazo para la salud pública.

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