¿llego Morena y mejoró el bolsillo en Edomex? Los datos laborales muestran avances

Partido MORENA
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¿Se fue el PRI y mejoró el bolsillo en Edomex? Los datos laborales muestran avances y pendientes

A tres años de la alternancia política en el Estado de México, los ingresos laborales han ganado terreno y la pobreza laboral disminuyó, pero persisten la informalidad, los bajos salarios y la pérdida de empleos

Estado de México. — Tres años después de que el PRI dejara de gobernar el Estado de México, los indicadores laborales muestran una fotografía con claros contrastes: los trabajadores han recuperado parte del poder adquisitivo de sus ingresos y la pobreza laboral disminuyó, pero millones de mexiquenses todavía trabajan en la informalidad y una parte importante recibe ingresos por debajo del salario mínimo mensual de referencia.

Los datos correspondientes al segundo trimestre de 2026 permiten hacer una pregunta incómoda: ¿la mejoría en el bolsillo de los mexiquenses es resultado de la alternancia estatal o de una transformación laboral impulsada principalmente desde el Gobierno federal?

La respuesta no es sencilla.

De acuerdo con las cifras difundidas por la Secretaría del Trabajo y Previsión Social, con información de la ENOE y del IMSS, el Estado de México registró 8 millones 102 mil 275 personas ocupadas durante el segundo trimestre de 2026.

Sin embargo, dentro de esa enorme fuerza laboral existen diferencias importantes.

Más de 3 millones de personas ocupadas reportaron ingresos inferiores a un salario mínimo, mientras que 4 millones 477 mil 739 trabajadores se encontraban en la informalidad.

Es decir, detrás de los avances generales todavía existe una realidad cotidiana en la que millones de familias deben sobrevivir con ingresos reducidos y sin las condiciones de protección asociadas a un empleo formal.

El ingreso mejoró, pero no para todos de la misma manera

Uno de los datos más importantes es la reducción de la pobreza laboral, que pasó de alrededor de 38.3% en 2018 a 26.3% durante el segundo trimestre de 2026.

La disminución representa aproximadamente 12 puntos porcentuales.

Además, entre el segundo trimestre de 2025 y el mismo periodo de 2026, el ingreso laboral real por persona aumentó 20.9% en territorio mexiquense, de acuerdo con el dato señalado en la información laboral utilizada para este análisis.

La tendencia es positiva.

Pero existe una diferencia fundamental entre decir que el ingreso promedio mejoró y afirmar que la mayoría de los trabajadores vive actualmente con un salario suficiente.

El salario mínimo general para 2026 se ubica en 315.04 pesos diarios, equivalente a alrededor de 9 mil 577 pesos mensuales.

En el Estado de México, aproximadamente 37.1% de las personas ocupadas recibe menos de esa cantidad.

Eso equivale a casi cuatro de cada diez trabajadores.

El indicador no significa automáticamente que todos esos casos representen una violación a la legislación laboral, pues la medición incluye distintas modalidades de ocupación, entre ellas trabajadores por cuenta propia, empleos parciales e informales.

Lo que sí revela es una realidad económica difícil de ignorar: millones de mexiquenses obtienen de su actividad laboral ingresos inferiores a lo que representa un salario mínimo mensual completo.

Y entonces surge otra pregunta: ¿cuánto puede rendir un ingreso de menos de 9 mil 577 pesos cuando una familia debe pagar transporte, comida, vivienda, servicios, educación y atención médica?

La informalidad sigue siendo el gran pendiente

El otro gran problema es la informalidad.

De los poco más de ocho millones de personas ocupadas en el Estado de México, 4 millones 477 mil 739 trabajan en condiciones de informalidad, mientras que 3 millones 624 mil 536 cuentan con una ocupación formal.

La proporción informal ronda 55.3% de la población ocupada.

Esto significa que la mayoría de quienes trabajan en la entidad todavía se encuentra fuera de la estructura formal del mercado laboral.

La informalidad no significa necesariamente desempleo ni ausencia de ingresos. En ella participan comerciantes, prestadores de servicios, trabajadores por cuenta propia, transportistas, empleados domésticos, jornaleros y personas vinculadas con pequeños negocios, entre otros.

El problema está en la vulnerabilidad.

Para muchos trabajadores informales, la ausencia de una relación laboral formal puede significar menor acceso a prestaciones, seguridad social, pensión, vacaciones pagadas y mecanismos de protección frente a accidentes o pérdida del empleo.

Hay, sin embargo, una señal favorable.

En un año, el número de trabajadores informales disminuyó en 75 mil 720 personas, mientras que el empleo formal aumentó en 25 mil 878.

El cambio apunta en la dirección correcta.

El problema es la magnitud: todavía no alcanza para modificar de fondo la estructura laboral del Estado de México.

El dato que contradice el discurso triunfalista: se perdieron empleos

Aquí aparece uno de los mayores contrastes.

Mientras los ingresos laborales mejoraron, el número total de personas ocupadas disminuyó.

Entre el segundo trimestre de 2025 y el mismo periodo de 2026, el Estado de México pasó de 8 millones 152 mil 117 personas ocupadas a 8 millones 102 mil 275.

La diferencia representa 49 mil 842 ocupaciones menos.

Además, la población desocupada aumentó en 11 mil 75 personas, hasta alcanzar 256 mil 251.

La tasa de desempleo pasó de 2.9% a 3.1%.

A primera vista, podría parecer una variación pequeña. Pero las cifras laborales tienen una particularidad: para ser considerada desempleada, una persona debe estar realizando una búsqueda activa de trabajo.

Por ello, quienes necesitan trabajar pero dejaron de buscar porque consideran que no encontrarán una oportunidad no aparecen necesariamente dentro de esa tasa.

El dato de personas disponibles para trabajar ayuda a dimensionar el problema: 746 mil 122 personas estaban disponibles para incorporarse al mercado laboral sin realizar una búsqueda activa.

Sumadas a las personas desocupadas, representan un universo potencial superior al millón de personas.

Las mujeres concentran la mayor parte de las pérdidas

La pérdida de ocupaciones tampoco tuvo el mismo impacto entre hombres y mujeres.

De las casi 50 mil ocupaciones que desaparecieron en un año, 42 mil 199 correspondieron a mujeres, frente a 7 mil 643 entre los hombres.

Esto significa que aproximadamente 85% de las ocupaciones perdidas correspondieron a trabajadoras.

La situación resulta todavía más preocupante entre las jóvenes.

La tasa de desempleo de las mujeres de 18 a 29 años aumentó de 6.7% a 8.2% en un año.

Entre los hombres jóvenes ocurrió el fenómeno contrario: la tasa bajó de 5.8% a 4.1%.

La pregunta resulta inevitable: ¿de qué sirve hablar de recuperación económica si las mujeres jóvenes encuentran cada vez más dificultades para incorporarse al mercado laboral?

El reto no consiste solamente en crear empleos. También implica preguntarse quiénes están obteniendo esas oportunidades, cuánto reciben y bajo qué condiciones trabajan.

El salario formal subió durante el gobierno de Delfina Gómez

Otro de los indicadores que muestran una evolución positiva es el salario promedio de los trabajadores registrados ante el IMSS.

En noviembre de 2023, al inicio de la administración de Delfina Gómez, el salario base promedio reportado era de alrededor de 487.49 pesos diarios.

Para julio de 2026 alcanzó 608.67 pesos diarios, equivalentes aproximadamente a 18 mil 514 pesos mensuales.

El incremento nominal ronda 25% y, considerando la inflación acumulada, representa una recuperación real cercana al 13%, según los datos proporcionados.

Pero tampoco aquí todo es celebración.

El salario formal promedio mexiquense continúa por debajo del promedio nacional, que en julio de 2026 se ubicó en 673.92 pesos diarios.

La entidad paga mejor que al comienzo del actual gobierno, pero todavía se encuentra por debajo de la referencia nacional.

¿Quién debe llevarse el crédito por la recuperación?

Aquí es donde la discusión deja de ser solamente económica y se convierte en política.

La recuperación del salario mínimo comenzó antes de la llegada de Delfina Gómez al gobierno mexiquense. El salario mínimo general pasó de 88.36 pesos diarios en 2018 a 315.04 pesos en 2026.

La determinación de esos incrementos corresponde al ámbito federal, a través de la Comisión Nacional de los Salarios Mínimos.

También existen reformas federales que modificaron las condiciones laborales en áreas como subcontratación, vacaciones, pensiones y libertad sindical.

Los programas sociales que complementan los ingresos de millones de familias también forman parte de una política nacional.

Por eso, sería poco preciso atribuir exclusivamente al gobierno estatal la recuperación del poder adquisitivo.

Pero tampoco sería correcto ignorar la responsabilidad de la administración mexiquense.

El gobierno de Delfina Gómez tiene capacidad para influir en la llegada de inversiones, la capacitación, la infraestructura, la formalización empresarial y la generación de empleos.

Ahí se encuentra probablemente el verdadero examen para el actual sexenio.

La alternancia no garantiza automáticamente mejores empleos

La salida del PRI del Palacio de Gobierno mexiquense significó el cierre de un periodo político de décadas.

Pero una alternancia electoral no transforma por sí sola una economía.

La pregunta importante no debería ser únicamente si el bolsillo mejoró después de que terminó el predominio priista, sino qué políticas concretas explican esa mejoría y cuáles corresponden al gobierno estatal.

Si el salario mínimo creció por decisiones federales, habrá que reconocerlo.

Si la pobreza laboral disminuyó, el dato merece ser reconocido.

Pero si al mismo tiempo se perdieron casi 50 mil ocupaciones en un año y más de la mitad de los trabajadores continúa en la informalidad, también sería un error esconder esas cifras detrás de un discurso triunfalista.

El verdadero reto para Delfina Gómez

El gobierno mexiquense enfrenta ahora una tarea mucho más complicada que presumir inversiones o anunciar nuevos proyectos.

Necesita conseguir que el crecimiento económico se traduzca en empleos formales, mejores salarios y oportunidades para las regiones que históricamente han quedado rezagadas.

Eso implica conectar la inversión con universidades y centros de capacitación, fortalecer a las pequeñas empresas, facilitar la formalización, mejorar la infraestructura y procurar que las compañías que llegan a la entidad generen empleos estables.

También significa medir los resultados.

¿Cuántos empleos formales creó cada inversión anunciada?

¿Cuánto pagan?

¿Cuántos son para jóvenes?

¿Cuántos para mujeres?

¿Cuántos proveedores mexiquenses participan?

¿Cuánto valor económico permanece en los municipios donde se instalan las empresas?

Esas preguntas son mucho más importantes que simplemente contar el número de proyectos anunciados.

Un balance con claroscuros

La fotografía laboral del Estado de México a mitad del sexenio no permite una conclusión completamente triunfalista ni completamente negativa.

Hay avances.

La pobreza laboral cayó de manera considerable, el ingreso laboral real aumentó y el salario promedio de los trabajadores registrados ante el IMSS recuperó poder adquisitivo.

Pero también hay pendientes.

Más de cuatro millones de personas trabajan en la informalidad, más de tres millones reciben menos de un salario mínimo mensual de referencia y en el último año desaparecieron casi 50 mil ocupaciones.

Y existe una alerta adicional: las mujeres jóvenes están enfrentando mayores dificultades para conseguir empleo.

Entonces, ¿se fue el PRI y mejoró el bolsillo de los trabajadores mexiquenses?

Los números permiten decir que sí existe una mejoría laboral respecto a años anteriores, pero atribuirla directamente y en su totalidad a la alternancia estatal sería simplificar demasiado una transformación que tiene fuertes componentes de política federal.

El desafío para Delfina Gómez está precisamente ahí: pasar de acompañar una recuperación salarial nacional a construir un modelo económico mexiquense capaz de generar empleos formales, productivos, incluyentes y mejor pagados.

Porque al final, para una familia mexiquense, la discusión política importa menos que una pregunta mucho más concreta:

¿El trabajo que tiene hoy le alcanza realmente para vivir mejor?

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