La tiendita de la esquina, ese punto de encuentro cotidiano donde se compra desde un refresco hasta el pan del desayuno, enfrenta hoy una realidad distinta. Además de lidiar con el alza de precios y la competencia de grandes cadenas, los pequeños comercios ahora destinan una parte cada vez mayor de sus ingresos a protegerse de la delincuencia. La seguridad se ha convertido en un gasto fijo que redefine la economía del barrio.
Datos de la Cámara Nacional de Comercio Pequeño revelan que estos negocios han incrementado su gasto operativo hasta en un 30% para disminuir el riesgo de robos. No es una estrategia de crecimiento ni una mejora planeada: es una respuesta obligada ante un entorno que se ha vuelto más hostil para quien levanta la cortina todos los días.
Rejas más resistentes, cámaras de vigilancia y sistemas de alarma ya no son un lujo, sino una necesidad básica. En muchos casos, estas herramientas implican pagos mensuales adicionales por monitoreo o servicios conectados a internet, lo que presiona aún más las finanzas de los comerciantes.
El aumento en medidas de seguridad ha elevado el gasto mensual de las tienditas entre 10% y 15%. Ese dinero, que antes se utilizaba para surtir mercancía o mantener precios accesibles, ahora se destina a prevenir asaltos. El resultado es un margen de ganancia más estrecho y una menor capacidad para absorber aumentos sin trasladarlos al consumidor final.
Aunque las estadísticas oficiales señalan una reducción en el robo a comercios, la sensación de inseguridad no ha disminuido. Para quienes atienden estos negocios, la percepción pesa tanto como las cifras.
La Confederación Patronal de la República Mexicana (COPARMEX) ubica al Estado de México como la segunda entidad con mayor incidencia de robos a negocios, solo por detrás de la Ciudad de México. Municipios como Ecatepec, Naucalpan y Toluca concentran buena parte de los casos.
En estas zonas, abrir una tiendita ya no solo requiere capital y constancia, sino también una dosis extra de valentía. La inseguridad ha transformado el emprendimiento local en un acto de resistencia cotidiana.
Aun con este panorama, las tienditas siguen siendo un pilar de la economía local y de la vida comunitaria. Sin embargo, expertos advierten que, si la inseguridad continúa elevando los costos, muchos de estos negocios podrían desaparecer o verse obligados a subir precios, afectando directamente a las familias que dependen de ellos.







