Desde hace 23 años, septiembre busca impulsar la cultura testamentaria en México. Este 2026, el trámite puede costar hasta 3 mil 800 pesos en la Ciudad de México, mientras que un proceso intestamentario puede representar decenas de miles de pesos y prolongarse durante años.
NOTIDEX JURIDICO.- Hablar de la muerte no suele estar en la lista de conversaciones favoritas de las familias mexicanas. Sin embargo, hay una decisión que puede evitar conflictos, gastos y largos procedimientos entre quienes quedan después de un fallecimiento: hacer un testamento.
Desde hace 23 años, septiembre es identificado en México como el Mes del Testamento, una campaña que busca facilitar el acceso a este documento mediante descuentos y horarios ampliados en notarías.
La razón de mantener la campaña es evidente: pese a más de dos décadas de promoción, únicamente alrededor de 15 por ciento de las personas con capacidad para otorgar testamento cuentan con uno a nivel nacional, de acuerdo con el Colegio Nacional del Notariado Mexicano. En la Ciudad de México, la proporción supera el 24 por ciento.
La diferencia puede parecer solamente estadística, pero detrás de ella existen familias que, después de perder a un integrante, tienen que determinar quiénes tienen derecho a recibir sus bienes y cómo deben repartirse.
¿Cuánto cuesta hacer un testamento en 2026?
Uno de los principales incentivos de septiembre son los costos preferenciales. Para 2026, el precio depende de la entidad federativa y de las condiciones establecidas por los colegios de notarios y autoridades locales.
De acuerdo con la información proporcionada por el Colegio Nacional del Notariado Mexicano, existen entidades donde el trámite puede rondar los mil pesos, mientras que en otros lugares alcanza aproximadamente 2 mil 500 pesos. En la Ciudad de México, el costo señalado para septiembre llega a 3 mil 800 pesos.
Además del precio, durante este mes las notarías suelen implementar horarios especiales o ampliados para atender una mayor demanda.
El trámite tampoco significa que todos los bienes de una persona queden automáticamente repartidos en ese momento. El testamento establece la voluntad de quien lo otorga respecto de su patrimonio y derechos, mientras que después del fallecimiento pueden existir otros procedimientos, particularmente cuando hay inmuebles, impuestos u otros aspectos jurídicos involucrados.
El presidente del Colegio Nacional del Notariado Mexicano, Ricardo Vargas Navarro, ha señalado que el propósito de la campaña es contribuir a que las familias tengan mayor certeza jurídica sobre su patrimonio.
Y existe otro elemento que puede resultar más importante que el costo inicial: el tiempo.
El precio de no dejar testamento
Cuando una persona fallece sin haber dejado testamento, sus posibles herederos no pueden simplemente acudir a una casa o propiedad y decidir quién se queda con ella.
En términos generales, debe iniciarse un procedimiento sucesorio intestamentario para determinar quiénes tienen derechos sobre la herencia y cómo debe realizarse la sucesión conforme a la legislación aplicable.
Los costos pueden incluir asesoría jurídica, honorarios profesionales, copias y certificaciones, trámites registrales, intervención notarial, impuestos y otros gastos relacionados con los bienes que forman parte de la herencia.
Por ello, las cantidades pueden aumentar considerablemente respecto de los pocos miles de pesos que puede costar un testamento durante septiembre. La cifra final de un juicio sucesorio no es universal ni puede establecerse como un precio fijo de 80 mil pesos para todos los casos, pues depende de la entidad, el tipo de procedimiento, el patrimonio involucrado, los honorarios y, especialmente, de si existe conflicto entre los posibles herederos.
El tiempo también puede extenderse. Cuando existen desacuerdos, documentación incompleta, bienes cuya situación jurídica debe aclararse o disputas entre familiares, un procedimiento sucesorio puede prolongarse durante un periodo considerable.
Ahí es donde una decisión que muchas personas consideran incómoda —hablar sobre qué ocurrirá con sus bienes después de morir— adquiere una dimensión práctica.
¿por qué seguimos dejando esta decisión para después?
Hay algo paradójico en la cultura del testamento en México: una campaña que lleva 23 años tratando de normalizar este trámite todavía alcanza solamente a una minoría de la población.
No necesariamente se trata de falta de patrimonio. Una persona puede pensar que no tiene suficientes bienes para necesitar un testamento, cuando en realidad puede establecer disposiciones sobre una vivienda, un terreno, una cuenta, derechos o cualquier otro patrimonio susceptible de transmisión conforme a la ley.
También persiste la idea de que hacer un testamento equivale a “llamar” a la muerte. En realidad, se trata de una herramienta jurídica para dejar establecida una voluntad mientras la persona está viva y tiene capacidad para hacerlo.
El problema es que muchas familias descubren su importancia demasiado tarde.
Una casa puede convertirse en motivo de una disputa entre hermanos. Un terreno puede terminar en un litigio. Los documentos pueden no estar actualizados. Los posibles herederos pueden tener interpretaciones distintas sobre lo que quería el fallecido.
Y entonces aparece la pregunta inevitable: ¿vale la pena posponer un trámite que durante septiembre puede costar unos cuantos miles de pesos si hacerlo después puede significar años de procedimientos y gastos adicionales para la familia?
También vale preguntarse algo más: ¿cuántas familias mexicanas conocen realmente qué ocurrirá con su patrimonio cuando fallezca quien sostiene económicamente el hogar?
La campaña de septiembre puede servir como recordatorio, pero la responsabilidad no termina en este mes. Un testamento es un documento jurídico y sus efectos dependen de las leyes aplicables y de las circunstancias de cada caso; por eso, lo recomendable es acudir con una notaría para conocer los requisitos y costos vigentes en cada entidad.
Como señala el Colegio Nacional del Notariado Mexicano, el objetivo de fondo es otorgar certeza jurídica. Porque al final, hacer un testamento no significa pensar únicamente en la muerte: significa pensar en las personas que seguirán aquí cuando uno ya no esté.







