Vivienda cara aleja a jóvenes mexicanos de formar una familia, revela estudio 6 de cada 10 prefiere no tenerla

Familia con mascota
Familia con mascota

Seis de cada 10 millennials y jóvenes de la generación Z consideran difícil o lejano formar una familia ante el elevado precio de las viviendas. El problema también está relacionado con ingresos, empleo y acceso al crédito.

El precio de la vivienda en México ya no solamente representa un problema para quienes buscan comprar una casa: para una parte importante de los jóvenes también está influyendo en sus planes de vida, estabilidad económica y decisiones sobre formar una familia.

De acuerdo con el informe “Un hogar, pero ¿a qué costo?”, elaborado por Hábitat para la Humanidad, seis de cada 10 jóvenes mexicanos pertenecientes a las generaciones millennial y Z consideran difícil o lejano formar una familia debido al costo de la vivienda.

El estudio revela además que una de cada cinco personas jóvenes considera prácticamente imposible llegar a tener una casa propia a lo largo de su vida, mientras que para muchos contar primero con una vivienda estable se ha convertido en una condición antes de pensar en tener hijos.

Comprar una casa se aleja de los ingresos de los jóvenes

El encarecimiento de las viviendas es uno de los principales factores detrás de este escenario.

Luis Armenta, director de operaciones de Hábitat para la Humanidad México, señaló que estimaciones basadas en información del Inegi y Banco de México muestran que el precio de la vivienda se incrementó aproximadamente 50 por ciento por encima de la inflación durante los últimos 15 años.

El resultado es una brecha cada vez mayor entre el costo de adquirir una vivienda y la capacidad económica de buena parte de la población.

Entre las generaciones de mayor edad, el impacto también existe, aunque es menor: el informe señala que 46 por ciento toma decisiones relacionadas con su familia considerando el precio de la vivienda.

Pero entre los jóvenes el problema parece tener consecuencias más amplias.

Cuatro de cada 10 no están satisfechos con las condiciones de su vivienda y una proporción similar identifica el tema habitacional como una de sus principales fuentes de estrés.

El costo tampoco se queda únicamente en la mensualidad de una renta o crédito.

De acuerdo con el estudio, ocho de cada 10 jóvenes tuvieron que reducir gastos de alimentación o disminuir sus ahorros durante el último año para poder pagar su vivienda.

Además, cuatro de cada 10 tuvieron que recurrir a trabajos adicionales para enfrentar sus gastos.

Tres millones de jóvenes necesitan una vivienda

El problema adquiere una dimensión mayor cuando se observa la cantidad de personas jóvenes que requieren una solución habitacional.

Un estudio de la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (Sedatu) y la Comisión Nacional de Vivienda (Conavi) estima que alrededor de tres millones de jóvenes en México necesitan una vivienda.

Sin embargo, sus posibilidades para conseguirla son diferentes.

Del universo identificado:

  • 57% espera construir una vivienda.
  • 23% planea comprarla.
  • 10% contempla rentarla.

El mismo análisis identifica a la población joven como un sector vulnerable en materia habitacional debido a factores como bajos ingresos, empleos inestables y dificultades para acceder a créditos.

La situación genera una especie de círculo difícil de romper: para comprar una casa se necesita estabilidad económica, pero alcanzar esa estabilidad puede resultar complicado cuando los salarios no crecen al mismo ritmo que el precio de las viviendas.

Menos matrimonios y menor fecundidad: ¿la vivienda es parte de la explicación?

Los datos sobre vivienda coinciden con otros cambios demográficos que atraviesa México.

La Encuesta Intercensal 2025 del Inegi reportó una reducción de la tasa de fecundidad, que pasó de 2.1 a 1.9 hijos por mujer.

Al mismo tiempo, el matrimonio ha perdido presencia mientras aumenta la cantidad de personas que permanecen solteras.

La edad promedio para contraer matrimonio también se ha retrasado y actualmente se ubica alrededor de los 35 a 37 años, según los datos citados.

Esto no significa que el precio de una casa sea la única razón por la que las personas deciden casarse más tarde o tener menos hijos.

Las transformaciones culturales, la incorporación de las mujeres al mercado laboral, los cambios en las expectativas personales, la educación, el costo de crianza y las nuevas formas de relación también forman parte de este fenómeno.

Sin embargo, el acceso a una vivienda puede convertirse en una pieza importante dentro de esa ecuación.

Para una persona joven que enfrenta renta elevada, empleo temporal, salarios limitados y dificultades para conseguir un crédito, pensar en comprar una casa, mantener un hogar y asumir los gastos relacionados con la crianza puede representar un compromiso financiero difícil de asumir.

¿Tener una familia se está convirtiendo en un privilegio económico?

Durante décadas, formar una familia fue presentado como una etapa natural de la vida adulta. Hoy, para una parte de los jóvenes mexicanos, antes de pensar en hijos existe una pregunta mucho más básica: ¿dónde vamos a vivir y cómo vamos a pagarlo?

El dato más preocupante quizá no sea solamente que una de cada cinco personas jóvenes considere imposible tener una casa propia, sino que la vivienda esté comenzando a condicionar decisiones que deberían poder tomarse con mayor libertad.

Tampoco sería correcto afirmar que los jóvenes no quieren formar familias. Los datos muestran algo más complejo: muchos están retrasando o replanteando sus proyectos mientras intentan alcanzar condiciones económicas que consideran mínimas para hacerlo.

Una sociedad que encarece el acceso a la vivienda, mantiene empleos precarios y dificulta el acceso al crédito inevitablemente tendrá consecuencias demográficas.

La pregunta que queda para las autoridades, el sector privado y la sociedad es incómoda pero necesaria:

¿Estamos frente a una generación que libremente está eligiendo tener menos hijos o ante una generación que está siendo obligada a posponer sus proyectos familiares porque no puede pagar una vivienda?

El debate sobre vivienda ya no debería limitarse a cuántas casas se construyen. También tendría que preguntarse quién puede pagarlas, dónde están ubicadas, cuánto cuesta rentarlas y qué futuro familiar permiten construir.

Porque una vivienda no es únicamente cuatro paredes: para millones de jóvenes representa el punto de partida para decidir si pueden construir el hogar que imaginan. 

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