Adiós a las tienditas de la esquina: inseguridad y bajos ingresos las ponen contra las cuerdas

cobro de piso y extrocion en Mexico
cobro de piso y extrocion en Mexico

Miles de pequeños comercios han cerrado mientras aumentan los costos, disminuyen las compras y crece la presión del crimen organizado

México.– Durante décadas, las tienditas de la esquina han sido mucho más que un lugar para comprar un refresco, unas tortillas o el aceite que hacía falta en la cocina. En muchas colonias representan el comercio de proximidad, el ingreso de una familia y hasta un punto de encuentro entre vecinos.

Sin embargo, ese paisaje cotidiano comienza a cambiar.

De acuerdo con los datos compartidos por la Alianza Nacional de Pequeños Comerciantes (ANPEC), alrededor de 10 mil tienditas han cerrado en México, de un universo cercano al millón de establecimientos que existían.

Detrás de cada cortina que baja hay una historia distinta, pero los problemas se repiten: mercancías cada vez más caras, consumidores con menor capacidad de compra, inseguridad y, en algunas regiones, el cobro de piso y las presiones de grupos criminales.

Mantener abierta una tiendita cuesta cada vez más

El pequeño comercio enfrenta una combinación complicada.

Los precios de los productos aumentan, mientras que los consumidores buscan gastar menos. Esto obliga a los comerciantes a modificar sus precios, aunque hacerlo también puede provocar que algunos clientes reduzcan todavía más sus compras.

Según la información de ANPEC, nueve de cada 10 tenderos pagan actualmente más por la mercancía que venden.

La consecuencia es visible en el mostrador: los clientes compran cantidades pequeñas y muchas operaciones apenas alcanzan entre 50 y 100 pesos.

Para una familia que depende principalmente de ese negocio, mantener las puertas abiertas bajo estas condiciones se convierte en una batalla diaria.

El cobro de piso agrava la crisis

A los problemas económicos se suma una amenaza mucho más grave: la inseguridad.

El cobro de piso se ha convertido en uno de los factores que más presionan a pequeños comerciantes en distintas regiones del país.

Las cuotas que anteriormente podían ubicarse alrededor de 200 pesos, según los testimonios y datos referidos por el sector, actualmente pueden superar los 500 pesos, con cobros que en determinados casos serían semanales o incluso diarios.

En situaciones más extremas, las cantidades pueden alcanzar 4 mil, 5 mil o hasta cerca de 17 mil pesos.

Para una tienda cuyos ingresos dependen de ventas pequeñas durante todo el día, pagar una cantidad de esa magnitud puede significar prácticamente trabajar para cubrir una extorsión.

Ya no solamente cobran: también quieren controlar qué se vende

El problema adquiere otra dimensión cuando la delincuencia comienza a intervenir directamente en la actividad comercial.

La información proporcionada señala que alrededor de 17 por ciento de los pequeños comerciantes recibe órdenes relacionadas con las marcas que debe vender o los proveedores con los que debe trabajar.

Además, cerca de cuatro de cada 10 comerciantes aseguran identificar redes de distribución de productos controladas por grupos criminales en sus regiones.

Esto significa que la presión puede ir más allá de exigir dinero.

En determinados lugares, los comerciantes enfrentan el riesgo de que terceros pretendan decidir qué productos pueden vender, a quién comprarlos y con quién hacer negocios.

Cuando esto ocurre, la extorsión deja de ser únicamente un problema económico y se convierte en una forma de control sobre la actividad comercial.

¿Qué estados enfrentan mayor afectación?

Entre las entidades señaladas con mayores afectaciones aparecen:

  • Estado de México
  • Zacatecas
  • Sinaloa
  • Tamaulipas
  • Baja California Sur
  • Chiapas
  • Oaxaca
  • Tabasco
  • Guanajuato
  • Jalisco
  • Nuevo León

La situación no es idéntica en todas ellas, pero el panorama muestra que la presión sobre los pequeños comercios se extiende por diferentes regiones del país.

El aumento de precios también llega al consumidor

Cuando una tiendita paga más por sus productos y enfrenta mayores gastos para operar, el impacto termina llegando al consumidor.

Los comerciantes reportan incrementos en productos de consumo cotidiano como refrescos, cigarros, botanas, embutidos, frutas, verduras, lácteos, pollo, carne y cerveza.

El consumidor, por su parte, también tiene que ajustar su presupuesto.

Así se forma un círculo difícil de romper: el comerciante compra más caro, aumenta sus precios, el cliente compra menos y las ganancias disminuyen.

Mientras tanto, los gastos para mantener abierto el negocio continúan.

Cuando una tiendita cierra, una familia pierde su ingreso

El problema tiene una dimensión social que va más allá de las cifras.

De acuerdo con la información del sector, en tres de cada cuatro tienditas el negocio representa el principal ingreso de una familia.

Por eso, cerrar un establecimiento no significa simplemente bajar una cortina.

Puede representar la pérdida de la fuente de ingresos de una familia, el fin de años de trabajo y la desaparición de una actividad económica que muchas veces comenzó como una alternativa para salir adelante.

Y también cambia la vida del barrio.

La tienda que estaba abierta desde temprano desaparece. Ya no está la persona que conocía a los vecinos, que fiaba cuando hacía falta o que acercaba productos a quienes no podían desplazarse.

La esquina también pierde su historia

Hay negocios que forman parte de la memoria de una colonia.

Ahí se compraron los primeros dulces de un niño, ahí se enviaba a los hijos por las tortillas, ahí se encontraban los vecinos y ahí muchas familias construyeron durante años su sustento.

Por eso, cuando una tiendita desaparece, el espacio físico permanece, pero algo cambia en la comunidad.

La pregunta ya no debería ser solamente cuántas tiendas han cerrado.

También habría que preguntarnos qué estamos perdiendo como sociedad cuando una familia deja de tener un negocio porque ya no puede competir contra los precios, la inseguridad y la extorsión.

Porque una esquina vacía no solamente significa un local menos.

Significa una familia que perdió una fuente de ingresos, un pequeño comerciante que dejó de trabajar y un barrio que perdió uno de esos lugares cotidianos que durante generaciones ayudaron a mantener viva la vida comunitaria. 

 

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