La medición coloca al presidente nacional del PRI por debajo de los líderes de Morena, Movimiento Ciudadano y PAN; registra menos de 30% de opiniones favorables, mientras Ariadna Montiel encabeza el ejercicio con 61%.
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La popularidad de Alejandro Moreno Cárdenas, “Alito”, vuelve a representar un desafío para el Partido Revolucionario Institucional (PRI). Una medición de Poligrama lo coloca como el dirigente partidista con menor nivel de aprobación entre los líderes incluidos en el ejercicio, con menos de 30% de opiniones favorables.
El resultado contrasta con el obtenido por otros dirigentes políticos evaluados. De acuerdo con los datos difundidos sobre la encuesta, Ariadna Montiel, dirigente de Morena, aparece en la primera posición con 61% de opiniones positivas.
La diferencia entre ambos extremos es considerable y coloca nuevamente sobre la mesa una pregunta que acompaña al priismo desde hace varios años: ¿qué tan lejos está el partido de recuperar la confianza de los ciudadanos?
Morena, MC y PAN superan ampliamente al PRI
La medición presenta una fotografía contrastante entre las principales fuerzas políticas.
Después de Ariadna Montiel aparece Jorge Álvarez Máynez, de Movimiento Ciudadano, con 52% de aprobación. En tercer lugar se encuentra Jorge Romero Herrera, dirigente nacional del PAN, con 44% de opiniones favorables.
Alejandro Moreno queda por debajo de los tres.
La diferencia no es menor. Mientras Morena supera el 60% en la medición y Movimiento Ciudadano rebasa la mitad de las opiniones favorables, el dirigente priista no alcanza tres de cada diez respaldos.
Estos resultados deben interpretarse como lo que son: una medición de opinión, no una evaluación definitiva del desempeño de los dirigentes ni una representación automática de la totalidad de los mexicanos.
Sin embargo, sí ofrecen un indicador político relevante sobre el nivel de aceptación que tienen las figuras que encabezan a los partidos.
El problema de Alito no termina en una encuesta
La baja valoración de Moreno ocurre en un momento particularmente complejo para el PRI.
El partido que durante décadas dominó buena parte de la política mexicana enfrenta una reducción considerable de su presencia electoral y una disputa permanente sobre cuál debe ser su estrategia para mantenerse vigente.
En ese escenario, el liderazgo de Alejandro Moreno ha sido objeto de críticas tanto desde fuera como desde sectores internos del propio priismo.
El desafío para el dirigente no consiste únicamente en mejorar una cifra de aprobación personal. También está en demostrar que el PRI puede recuperar competitividad, construir una oposición efectiva y convencer a una ciudadanía que cada vez tiene más alternativas electorales.
La encuesta de Poligrama, por sí sola, no explica las causas de la baja aprobación. Pero sí plantea un problema político evidente: un dirigente con poca aceptación enfrenta mayores dificultades para convertirse en un activo electoral de su propio partido.
¿Puede el PRI sobrevivir al desgaste de su dirigencia?
El resultado adquiere mayor relevancia cuando se observa la distancia entre Moreno y sus competidores.
La diferencia frente a Ariadna Montiel supera los 30 puntos porcentuales, mientras que Jorge Álvarez Máynez y Jorge Romero también presentan niveles de aprobación significativamente superiores.
Para un partido que busca mantenerse como una fuerza opositora relevante, la percepción pública de su dirigencia puede convertirse en un factor determinante.
El PRI necesita no solamente conservar estructuras territoriales y militancia; también requiere recuperar credibilidad ante sectores de la población que dejaron de identificarse con sus propuestas.
Y ahí aparece una paradoja: ¿cómo puede un partido renovar su imagen si su principal dirigente continúa siendo una de las figuras políticas con menor aceptación?
La respuesta corresponde a los priistas, pero sus consecuencias podrían terminar reflejándose en las urnas.
Opinión: cuando el dirigente se convierte en lastre
Las encuestas no ganan elecciones. Tampoco una cifra de aprobación determina por sí misma el futuro de un partido.
Pero sería un error ignorarlas.
Si una medición coloca al presidente nacional de un partido por debajo de sus principales competidores, el dato debería provocar algo más que una respuesta defensiva. Debería abrir una discusión interna sobre liderazgo, estrategia, comunicación y capacidad para conectar con los ciudadanos.
Alejandro Moreno ha conseguido mantenerse al frente del PRI en medio de una etapa particularmente difícil para el partido. La pregunta ahora es si su permanencia representa estabilidad o, por el contrario, profundiza el desgaste de una organización que necesita recuperar espacios.
Porque el problema no es solamente que “Alito” Moreno tenga una aprobación menor a 30%.
El problema sería que el PRI se acostumbre a que su dirigente sea menos popular que la propia posibilidad de reconstruir al partido.
¿Puede el PRI recuperar la confianza de los mexicanos mientras mantiene al frente a un dirigente que, según esta medición, es el peor evaluado entre los presidentes de partido?
Y una pregunta todavía más importante para los priistas: ¿el verdadero problema del PRI es Alejandro Moreno o la incapacidad de encontrar un nuevo rumbo político?
Datos de la encuesta
- Alejandro Moreno (PRI): menos de 30% de opiniones favorables.
- Ariadna Montiel (Morena): 61%.
- Jorge Álvarez Máynez (MC): 52%.
- Jorge Romero Herrera (PAN): 44%.
- Posición de Alejandro Moreno: último lugar entre los dirigentes incluidos en la medición.
¿El bajo nivel de aprobación de Alito Moreno es un problema personal o refleja la crisis de identidad y confianza que atraviesa el PRI?







