Lobo gris mexicano se recupera, pero sigue en riesgo en Sonora: quedan pocos ejemplares en libertad

Lobo gris mexicano
Lobo gris mexicano

Naturalia A.C. advierte que la recuperación del lobo gris mexicano todavía es frágil; entre Sonora y Chihuahua se estima una población de apenas 35 a 45 ejemplares que se desplazan por la Sierra Madre.

Sonora.– El regreso del lobo gris mexicano a sus antiguos territorios representa uno de los esfuerzos de conservación más importantes entre México y Estados Unidos, pero la recuperación de la especie todavía está lejos de considerarse consolidada.

Aunque el número de ejemplares en libertad ha aumentado durante los últimos años, organizaciones dedicadas a su conservación advierten que la población continúa siendo pequeña y enfrenta riesgos que podrían agravarse si se reducen las medidas de protección.

De acuerdo con Saúl Abraham Amador Alcalá, coordinador de Investigación y Monitoreo de Especies Prioritarias de Naturalia A.C., en la zona de Sonora y Chihuahua se estima la presencia de entre 35 y 45 lobos, animales que se desplazan entre ambos estados y utilizan distintos puntos de la Sierra Madre.

La expectativa de los especialistas es que estos movimientos eventualmente permitan consolidar una población mayor y estable en territorio sonorense.

El panorama adquiere relevancia porque el lobo gris mexicano no solamente es una especie emblemática del norte del país: también cumple una función ecológica dentro de los ecosistemas donde sobrevive.

Del exterminio a la recuperación del lobo mexicano

La historia reciente del lobo gris mexicano muestra hasta qué punto una especie puede acercarse a la desaparición cuando las actividades humanas convierten a un depredador en un enemigo.

Durante las décadas de 1950 y 1960, México y Estados Unidos emprendieron campañas de exterminio contra estos animales. La persecución redujo drásticamente sus poblaciones hasta que los últimos ejemplares silvestres fueron incorporados a programas de reproducción controlada.

Posteriormente comenzaron los esfuerzos binacionales para regresar al lobo a los territorios donde alguna vez habitó.

En México, la primera liberación de ejemplares dentro de este programa ocurrió en 2011, en la Sierra de San Luis, Sonora.

Actualmente, según las estimaciones citadas por Naturalia A.C., habría entre 300 y 360 lobos grises mexicanos viviendo en libertad entre México y Estados Unidos. Si se consideran también los ejemplares bajo cuidado humano, la población total rondaría los 600 individuos.

Sin embargo, tener más lobos que hace algunas décadas no significa que la especie haya dejado atrás el peligro.

Uno de los principales problemas es la limitada diversidad genética. Al haber partido de una población silvestre extremadamente reducida, cada ejemplar que consigue sobrevivir y reproducirse en libertad adquiere una importancia considerable para la recuperación de la especie.

Por ello, retirar anticipadamente las medidas de protección podría generar consecuencias difíciles de revertir.

Ganaderos y lobos: el desafío de evitar un nuevo conflicto

Uno de los argumentos más frecuentes contra los grandes depredadores es el riesgo que representan para el ganado. El lobo mexicano puede atacar ocasionalmente animales domésticos, pero Naturalia A.C. sostiene que existen alternativas para disminuir estos conflictos sin recurrir directamente a la eliminación de ejemplares.

La organización trabaja con productores ganaderos para promover mejores prácticas de manejo, reducir los encuentros entre depredadores y ganado y encontrar mecanismos que permitan compensar determinadas pérdidas.

También existen seguros ganaderos que pueden cubrir la muerte de animales provocada por depredadores de gran tamaño, entre ellos lobos, jaguares, pumas u osos.

Este punto resulta especialmente importante porque las pérdidas de ganado no necesariamente tienen como única causa a los depredadores. Enfermedades, sequías, accidentes y robo también pueden representar factores de impacto para los productores.

La conservación, por tanto, enfrenta un reto doble: proteger al lobo sin ignorar las necesidades de las comunidades rurales.

La solución no parece estar en colocar a ganaderos y fauna silvestre en bandos opuestos, sino en generar mecanismos que permitan la convivencia y reduzcan los costos económicos de esa coexistencia.

Un depredador clave para los ecosistemas

El lobo gris mexicano ocupa una posición importante dentro de la cadena alimenticia. Como depredador tope, contribuye a regular poblaciones de especies como venados, pecaríes y coyotes.

Su desaparición no solamente significaría perder un animal emblemático. También podría modificar las relaciones entre distintas especies y alterar el equilibrio de los ecosistemas donde desempeña su función.

A esto se suma una dimensión cultural. Para algunos pueblos originarios, el lobo y otros animales de la fauna mexicana forman parte de una relación histórica con el territorio y de una visión en la que la naturaleza no puede reducirse únicamente a su valor económico.

La revisión de su protección en Estados Unidos

La discusión sobre el futuro del lobo gris mexicano también ha cobrado importancia en Estados Unidos luego de una orden ejecutiva del presidente Donald Trump que planteó revisar el estatus de protección de la especie en un periodo de 90 días.

Para los conservacionistas, el punto central es determinar si la recuperación alcanzada es suficientemente sólida como para modificar las medidas de protección.

Naturalia A.C. considera que todavía existen razones para mantenerlas, principalmente por el reducido número de ejemplares y la fragilidad genética de la población.

La preocupación es que una disminución de las medidas de conservación pueda abrir nuevamente la puerta a prácticas que históricamente contribuyeron a llevar al lobo al borde de la desaparición.

Al mismo tiempo, la protección de la especie requiere atender las inquietudes de quienes viven y trabajan en las regiones donde el lobo está regresando.

Opinión Notidex: conservar no significa ignorar al productor

La historia del lobo gris mexicano debería servir para recordar que la conservación ambiental no consiste simplemente en prohibir o proteger especies desde un escritorio.

Tampoco significa ignorar a los ganaderos que pueden sufrir pérdidas cuando sus animales son atacados.

El verdadero desafío está en encontrar un punto de equilibrio: proteger al depredador, compensar al productor, mejorar las prácticas ganaderas y evitar que cada conflicto termine con la muerte de un animal que tardó décadas en regresar a su territorio.

La recuperación del lobo mexicano demuestra que las especies pueden regresar cuando existen voluntad, cooperación y programas de conservación de largo plazo. Pero también demuestra lo difícil que resulta reconstruir una población después de que las actividades humanas prácticamente la han eliminado.

Si hoy existen apenas decenas de ejemplares moviéndose entre Sonora y Chihuahua, ¿realmente podemos decir que el lobo mexicano ya está a salvo?

Y una pregunta todavía más incómoda: ¿estamos dispuestos a invertir en soluciones que permitan convivir con la fauna silvestre, o volveremos a considerar que eliminar al depredador es la salida más sencilla cada vez que surja un conflicto?

La respuesta determinará si el lobo gris mexicano se convierte en una historia de recuperación exitosa o en otra especie que sobrevivió solamente mientras recibió protección.

¿México y Estados Unidos están haciendo lo suficiente para garantizar que el regreso del lobo gris mexicano sea permanente y no una recuperación temporal? 

 

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